Aborto es seguro hasta que el número de la semana

Aborto: razones para moderar el griterío

2018.08.06 01:24 Severianes Aborto: razones para moderar el griterío

El aborto es un debate demasiado importante para darlo desde la emotividad. El corazón nunca fue una buena herramienta para dirimir disyuntivas políticas, y en este caso menos que en ninguno.
Aunque consuma mas energia (¡y con lo que están las tarifas!) hay que encender la máquina de pensar. Y usarla.
La emoción dispara el sentido de pertenencia, el reflejo de separar el grupo humano entre los nuestros y los otros, entre los que empatizan, como yo y esos seres horribles que no sienten nada por el sufrimiento ajeno.
Y eso nos vuelve irracionales y muy manipulables.¿O acaso crees que es casualidad que un gobierno de psicópatas decida abrir este debate?
Ellos saben lo que hacen, manipular es su especialidad. En especial cuando crees que no te están manipulando, que estas parado del lado de los buenos ¡es justamente cuando más lo estan haciendo!
Leo compañeros del campo popular, que se acompañaron durante más de una década, acusandose mutuamente de monstruos, y jurando nunca más votar a ese legislador que traicionó la esencia del movimiento. ¿En serio no se dan cuenta de a quién le conviene este estado de cosas?
Si evitaran por un minuto que la emoción y la indignacion los embriaguen, se darian cuenta de que la mayoría de los argumentos de ambos lados del debate son pura basura, solo aceptable por quien quiere de antemano estar con los nuestros, los buenos y lejos de los otros, los malos.

Argumentos pro-life:

El más fácil es el que reza el feto está vivo. También lo estaba hasta el viernes la vaca que te comiste el domingo. No respetamos la vida de por si, nunca lo hicimos. No existe un derecho a la vida, no es ese el valor que cuidamos.
Alguno enriquece un poco mas la idea: el feto es vida humana porque tiene ADN humano. También lo tenían las células cutáneas que murieron la última vez que te rascaste, o la muela que te hiciste extraer. No es el ADN el valor a proteger, nunca lo fue, y no podría serlo.
La siguiente iteración es igualmente falaz, pero mas sutil: el feto tiene la potencialidad de transformarse en persona. Claro, pero al afirmarlo ya estás admitiendo que ahora no lo es. Y además, cualquier núcleo celular puede, en las condiciones adecuadas, transformarse en persona.
No cuidamos la vida, ni el ADN, ni la potencialidad. No es así como funciona nuestro sistema de valores. Puede parecernos superficialmente que si, pero es el aborto justamente el punto donde se hacen evidentes los sobreentendidos.
Y la verdad es que, si la emotividad no nos hackeara el intelecto, tendríamos que ver el elefante en la habitación:
En todos los argumentos que defienden la vida desde la concepción, está escondida la idea de un alma que entraria al embrión en ese preciso momento.
Y no hablo solo de las personas religiosas, ojo: el esencialismo, la idea de que hay una esencia humana, es una forma de dualismo laico, un vicio de pensamiento muy difícil de erradicar. Todos caemos en el cuando estamos distraídos. Y todos lo estamos cuando nos golpeamos el pecho señalando el mal y la perversión en las ideas del otro...

Argumentos pro-choice:

El mas facil es el que reza mi cuerpo, mi decisión. No es tu cuerpo si hay otra persona en juego, tus derechos terminan donde empiezan los de otro. Imaginate si el padre usara ese argumento y no comprometa su cuerpo trabajando para mantener al hijo.
Luego viene el festival de numeros: mueren quichicientasmil mujeres pobres por semana. Supongamos que esos números no fueran un invento. Si mueren intentando matar a otro, eso no constituye de ningún modo un justificativo para permitirlo. Mueren ladrones todos los dias solo por robar, y nadie habla de legalizar el hurto. No funciona asi.
El argumento puede volverse aún más cínico: igual sucede, y en un hospital sería menos peligroso. Si alguien viola los derechos de otro, el hecho de que burle la prohibición de hacerlo no es justificacion para permitirselo. Ningún sistema de valores funciona así.
De nuevo, si no estuviéramos embriagados de indignación contra los otros, veríamos el otro elefante en la habitación:
El embarazo no es el problema. El problema es una sociedad donde el embarazo es un problema.
Eso es lo que habría que atacar.

¿Y entonces por qué debatir?

En medio del griterío y las acusaciones cruzadas, lo único que no se debate es lo unico que realmente habría que debatir:
¿Que características debe tener un ser para considerarlo digno del derecho a la vida?
La respuesta resolvería la discusion, y nos enriquecería.
Primero, sustentaria cualquier decisión que se tome acerca del aborto, sobre bases racionales y sostenibles en el tiempo. Si no hacemos eso, cualquier resultado hoy se basara en una muy voluble relación de fuerzas, que mañana puede cambiar y reeditar la discusión. Y los titiriteros, felices.
Pero ademas, le pondria un marco al progreso ético de la humanidad. La especie ha avanzanzado históricamente ampliando el grupo de pertenencia, incorporando aquellos que nos parecen dignos de derechos: tribu, etnia, nacion, raza, especie... ¿Que viene luego?
¿Otras especies? Determinar las características básicas que hacen que un ser sea digno de derechos, demarcaría un punto de equilibrio entre el antropocentrismo extremo y el veganismo autonegador.
¿Inteligencia artificial? En algún momento en un futuro no muy lejano interactuaremos constantemente con máquinas que pasaran el test de Turing. Y comenzaremos a preguntarnos ¿es acaso ético apagarlas?
¿Y más adelante? No es posible predecir cuando, pero en algún momento en el futuro podríamos encontrarnos con otras civilizaciones inteligentes. ¿Merecerá su vida nuestro respeto?
E incluso si estas cuestiones parecen bizantinas, pensemos con el mayor de los pragmatismos: ¿Quien gana con lo divisivo que se ha tornado este debate? Seguro que no es el pueblo.
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2016.08.14 14:23 ShaunaDorothy Demócratas, republicanos: ¡Fuera todos! EE.UU.: Miedo, odio y precampañas (Mayo de 2016)

https://archive.is/BYpsq
Espartaco No. 45 Mayo de 2016
¡Por un partido obrero revolucionario multirracial!
En su libro de 1917, El estado y la revolución, el dirigente bolchevique V.I. Lenin describió sucintamente el fraude de la democracia burguesa: “Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: ésa es la verdadera esencia del parlamentarismo burgués”. Como marxistas revolucionarios, nos oponemos por principio a votar por los republicanos, los demócratas o cualquier otro candidato burgués. Al mismo tiempo, las precampañas de este año están mostrando la rabia y la desesperación que durante décadas se han ido acumulando al fondo de la sociedad estadounidense.
Existe un odio extendido hacia el establishment político de ambos partidos, que con razón son considerados agentes vendidos y comprados por los estafadores financieros de Wall Street y las empresas hinchadas de ganancias que han provocado la ruina de millones. Pero, debido sobre todo a la burocracia sindical procapitalista, la rabia de los trabajadores no se ha expresado como lucha de clases contra los gobernantes. Como resultado, el descontento de los gobernados encuentra expresión en el apoyo a candidatos burgueses “antiestablishment”. Hasta el momento, el abiertamente racista Donald Trump, un magnate multimillonario de bienes raíces, lleva la delantera como precandidato republicano. El autodenominado “socialista demócrata” Bernie Sanders le está dando a la segunda representante de la dinastía Clinton más problemas de los que nadie hubiera previsto.
Sanders es el único candidato de este circo electoral que ofrece pan a las masas con llamados por educación gratuita, asistencia médica para todos y un salario mínimo de quince dólares por hora. Esto ha resonado particularmente entre la juventud pequeñoburguesa blanca, así como entre un sector de los obreros blancos cuyos sindicatos han sido destruidos, cuyos salarios se han desplomado, cuyas prestaciones han sido saqueadas y cuyas posibilidades de obtener un empleo bien remunerado prácticamente han desaparecido. Las promesas de Sanders no son más que charlatanería. Sólo la lucha de clases podría arrancarle a la burguesía semejantes concesiones. Pese a haber sido acusado de rojo, Sanders no es ningún socialista; es un político capitalista. Sin embargo, en una sociedad donde por mucho tiempo se ha vilipendiado al socialismo como un ataque al “modo de vida estadounidense”, el que Sanders esté obteniendo apoyo en un sector de los obreros blancos es una medida del creciente descontento.
El establishment demócrata tolera las pretensiones de Sanders de estar “dirigiendo una revolución política contra la clase multimillonaria”. Él siempre le ha servido a la clase dominante, particularmente con su apoyo a las sangrientas guerras, ocupaciones y demás aventuras militares con que el imperialismo estadounidense ha devastado países alrededor del mundo (ver: “Bernie Sanders: Imperialist Running Dog” [Bernie Sanders: Mandadero de los imperialistas], WV No. 1083, 12 de febrero). Sanders no sólo está compitiendo por la primera posición en la boleta interna de un partido que, al igual que el Republicano, representa los intereses de la burguesía; también está ayudando a restaurar la imagen de los demócratas como “partido del pueblo”. Además, ha dejado en claro que, en la elección general, apoyará a quien quiera que resulte electo candidato demócrata, presumiblemente Hillary Clinton. Por su parte, Clinton está ganando la mayor parte del voto negro, conforme el miedo a una victoria republicana, amplificado por los fascistas que se arrastran a los pies de Donald Trump, impulsa todavía más el apoyo de los negros a los demócratas, que alguna vez fueron el partido de la Confederación y el [sistema de segregación racial] Jim Crow.
Del lado republicano, presenciamos el espectáculo del establishment partidista gastando millones de dólares en publicidad, no contra los demócratas, sino contra el precandidato que encabeza la carrera en su propio partido. Los reflectores se enfocan en los ex candidatos republicanos para que prediquen contra el beligerante racismo antiimigrante de Trump y su asqueroso sexismo. La hipocresía es asombrosa viniendo de los mismos que exigían a los inmigrantes que se “deportaran a sí mismos”; que insultaban a los obreros y a los pobres como “parásitos” por pedir atención médica, alimentación y vivienda; que trabajaron tiempo extra por revertir todas las conquistas del movimiento por los derechos civiles; y que recurrieron al texto bíblico para condenar a las mujeres que necesitaban abortos, a los gays y a los demás “desviados”.
Trump no hace sino decir en voz alta lo que los líderes del partido republicano han promovido durante años. Lo que les molesta es que no esté cumpliendo las reglas del establishment del partido. Para ellos, incitar al odio racista sirve como un ariete ideológico para empobrecer aún más a la clase obrera y los pobres recortando los pocos programas sociales que todavía existen. Trump dice que no atacará la seguridad social ni la asistencia médica pública. Este demagogo reaccionario podría hacer o decir cualquier cosa. Su afirmación de que traerá la manufactura de vuelta a Estados Unidos, invocando una variante particularmente racista del proteccionismo de “salven los empleos estadounidenses”, le ha dado cierta audiencia entre los trabajadores blancos pobres. Por su parte, a la dirigencia republicana le preocupa que Trump azuce a las masas desempleadas y empobrecidas en casa y ponga en riesgo las ganancias que el imperialismo estadounidense obtiene del saqueo de “libre comercio” del mundo neocolonial.
Para los líderes republicanos, Trump añade insulto a la injuria al aprovechar la consigna de campaña de Ronald Reagan, santo patrono del Partido Republicano, “Make America Great Again” [Que EE.UU. vuelva a ser grande]. Reagan llegó a la Oficina Oval aprovechando y azuzando la reacción racista blanca contra los programas sociales que se consideraban beneficiosos para los negros pobres de los guetos. Jugó la carta racial, como siempre lo han hecho los gobernantes estadounidenses, para aumentar la brutal explotación de la clase obrera en su conjunto. Hoy, la devastación que afectó primero a los pobres y obreros negros se ha vuelto cada vez más real para los pobres y obreros blancos.
En los años noventa, el libro del ideólogo racista Charles Murray, La curva de Bell, achacó la miseria de los pobres del gueto a la “inferioridad genética” de los negros. En 2012, su libro Coming Apart: The State of White America, 1960-2010 [Desmoronamiento: La situación de la población blanca en EE.UU., 1960-2010] achacó la miseria que sufren los blancos pobres a su falta de valores, tanto familiares como de otro tipo. Este desprecio clasista se expresó más abiertamente en un artículo de un tal Kevin D. Williamson, recientemente publicado en la derechista National Review (28 de marzo). Titulado “Chaos in the Family, Chaos in the State: The White Working Class’s Dysfunction” [Caos en la familia, caos en el estado: La disfunción de la clase obrera blanca], el artículo despotrica:
“No les ha pasado nada. No hubo catástrofe alguna. No han sufrido ni la guerra ni la hambruna ni la peste ni la ocupación extranjera. Los cambios económicos de las últimas décadas no bastan para explicar la disfunción, la negligencia —y la incomprensible malevolencia— de la población pobre y blanca de EE.UU....
“La verdad de estas comunidades disfuncionales y degradadas es que merecen morir. Económicamente, son números rojos.Moralmente, son indefendibles”.
La clase obrera no podrá liberarse de las cadenas de la esclavitud asalariada si el proletariado no asume la causa de la liberación negra, que por sí misma requiere destruir este racista sistema capitalista mediante la revolución socialista. En el libro primero de El capital (1867), Karl Marx capturó la gran verdad de la sociedad capitalista estadounidense al escribir: “El trabajo en piel blanca no puede emanciparse allí donde el trabajo en piel negra está marcado con fierro candente”. Nuestro propósito como marxistas hoy es traducir la ira y el descontento hirvientes de las masas trabajadoras en un entendimiento consciente de que la clase obrera necesita su propio partido: no como un vehículo electoral que compita para administrar el estado burgués, sino como un partido que abandere la causa de todos los explotados y oprimidos en la lucha por el poder obrero.
Aquél a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco
La locura del Partido Republicano no es más que una manifestación de la peligrosa irracionalidad del imperialismo estadounidense. Habiendo conseguido en 1991-1992 la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética —que había nacido de la primera y única revolución obrera exitosa en el mundo—, los gobernantes capitalistas estadounidenses han actuado como si fueran los amos indiscutibles del mundo. Tanto bajo los gobiernos republicanos como bajo los demócratas, han lanzado su poderío militar por todo el mundo. Pero ni con su interminable serie de guerras el imperialismo estadounidense ha conseguido frenar el declive de su poder económico.
Afirmando que “hay que detener a Trump”, un antiguo asesor en política exterior del gobierno de Bush clamó: “Ha hecho enojar a nuestros aliados en Centroamérica, Europa, el Oriente asiático y Medio Oriente”. El que Trump denunciara la invasión de Irak que inició Bush ha molestado particularmente a los neoconservadores que fueron los arquitectos de esa guerra. En una columna de opinión contra Trump publicada en el Washington Post (25 de febrero), Robert Kagan concluye: “Para este antiguo republicano, y quizá para otros, puede no quedar otra alternativa que votar por Hillary Clinton”. ¿Y por qué no? Las credenciales de Clinton como una de los mayores halcones [probélicos] del imperialismo estadounidense son impecables.
Muchos, incluyendo republicanos que tienen columnas en el New York Times, se han preguntado: “¿Es Donald Trump un fascista?”. Otros comparan su candidatura con el fin de la República de Weimar y el ascenso de los nazis de Hitler. Pero el terreno donde crecieron los nazis era el de un país imperialista que había sido derrotado en la Primera Guerra Mundial. Apelando al descontento de una pequeña burguesía cada vez más pobre, los nazis se habían convertido en un movimiento de masas para principios de los años treinta. Cuando las direcciones de los partidos obreros Comunista y Socialista, que contaban con millones de miembros, no intentaron derrocar el decadente orden capitalista en Alemania, la desacreditada burguesía desató a los nazis para conservar su dominio aplastando al movimiento obrero y, en el proceso, sentó las bases para la indescriptible barbarie del Holocausto.
En cambio, Estados Unidos no es un país imperialista derrotado, sino que sigue siendo la “única superpotencia del mundo”, cuyo poderío militar es muchas veces superior al de todos sus rivales imperialistas juntos. Otra diferencia es que la clase dominante estadounidense no enfrenta por el momento la amenaza de la clase obrera en casa. Por el contrario, gracias a los traidores que están a la cabeza de los sindicatos, cuya base es cada vez más reducida, la burguesía estadounidense ha prevalecido hasta ahora en su larga guerra contra los obreros.
Trump no es un fascista. El camino al poder que ha proyectado no se sale del marco electoral. Pero sí hay mucho que temer de los locos que son azuzados en sus mítines en un frenesí patriotero y antiimigrante, que ha provocado protestas multirraciales contra él en todo el país. Quienes protestan contra los mítines de Trump han sido agredidos y los manifestantes negros han tenido que sufrir gritos de “¡Regresen a África!”. El KKK y otros grupos fascistas están saliendo de sus agujeros, con el antiguo gran mago del Klan David Duke declarando que “votar contra Trump en este punto es traicionar tu herencia”.
De manera similar, en los años ochenta el racismo oficial que emanaba de la Casa Blanca de Reagan alentó al Klan y a los nazis. Cuando éstos trataron de organizar sus mítines por el terror racista en grandes centros urbanos, nosotros convocamos movilizaciones de masas obreras y de minorías para detenerlos. En Chicago, Washington D.C., Filadelfia y otros lugares, fueron detenidos por protestas de miles basadas en el poder social de los sindicatos multirraciales movilizados al frente de los negros pobres de los guetos, los inmigrantes y todos aquéllos que el terror fascista querría victimizar. Estas movilizaciones demostraron en pequeña escala el papel del partido obrero revolucionario que queremos construir.
Obreros y negros: Entre la espada y la pared
Es responsabilidad directa de la burocracia sindical procapitalista el que un sector significativo de los trabajadores blancos apoye a un hombre que llegó a ser conocido por la frase “¡Estás despedido!”. Trump está consiguiendo ese apoyo al izar la bandera del proteccionismo de “Estados Unidos primero” de los falsos dirigentes de la AFL-CIO. Bajo esta bandera, una y otra vez los farsantes sindicales han cedido conquistas obtenidas en duras batallas de la clase obrera negra, blanca e inmigrante.
Los capitalistas siempre irán donde la mano de obra sea más barata para maximizar sus ganancias. Pero hacer de los trabajadores extranjeros chivos expiatorios por la pérdida de empleos en EE.UU. es una respuesta reaccionaria. El proteccionismo refuerza las ilusiones en el capitalismo estadounidense. Mina las perspectivas de lucha al envenenar la conciencia de la clase obrera e impedir la solidaridad con sus aliados de clase potenciales en China, México y otros lugares. Este proteccionismo también imbuye en los obreros la falsa idea de que mejorar sus condiciones materiales está totalmente fuera de su control y de su capacidad de organizarse y luchar, y de que depende sólo de algún salvador burgués.
Tanto Bernie Sanders como Donald Trump juegan la misma carta económica nacionalista. Aunque Sanders apela a la “unidad” contra el racismo xenófobo de Trump, lo que ocurre en los mítines de este último es simplemente el reflejo descarnado del chovinismo subyacente en los llamados a “salvar los empleos estadounidenses” de la competencia extranjera. Para que los sindicatos sirvan como instrumentos de lucha contra los patrones, deben enarbolar la lucha por los derechos de los inmigrantes, exigiendo el fin de las deportaciones e izando la bandera por plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes. La lucha por esas exigencias haría avanzar el combate común de los obreros estadounidenses y sus aliados de clase internacionalmente.
Hoy, el descontento de muchos obreros está siendo canalizado a las campañas ya sea de Trump o de Sanders. Pero la furia obrera también se ha expresado en el impulso de luchar contra la ofensiva de los capitalistas, un impulso que los falsos dirigentes sindicales han frustrado una y otra vez. El año pasado, los jóvenes obreros automotrices, muchos de ellos negros, estaban más que dispuestos a ir a huelga contra el odiado sistema de niveles, que alienta la división entre los obreros. En ello, contaban con gran apoyo entre los obreros más viejos, tanto blancos como negros, lo que apunta al potencial de la unidad de clase, trascendiendo las líneas raciales. Pero los dirigentes sindicales del United Auto Workers les hicieron tragar un contrato vendido con los “Tres de Detroit”, que de hecho expandía el odiado sistema de niveles.
En 2011, este espíritu de lucha se manifestó vívidamente también en Wisconsin, donde el gobernador republicano Scott Walker lanzó una ofensiva que amenazaba la existencia misma de los sindicatos públicos. Miles de obreros ocuparon la rotonda del Capitolio de Wisconsin y se movilizaron en manifestaciones de hasta 100 mil personas. Pese a la combatividad de los obreros, los burócratas sindicales se aseguraron de que no se emprendiera ninguna acción huelguística, canalizando en cambio el enojo de los obreros hacia la estrategia perdedora de revocar el mandato de Walker.
¿El resultado? La devastación de un movimiento sindical que ya estaba en decadencia. En 2011, más del 50 por ciento de los empleados públicos estaba sindicalizado. Para 2015, la tasa de sindicalización se había desplomado al 26 por ciento. En Indiana, ataques similares llevados a cabo con anterioridad condujeron prácticamente a la desaparición de los sindicatos del sector público en el estado. Y en 2015, Wisconsin se unió a Indiana, Michigan y otros 22 estados como uno más de los estados antisindicatos donde se proclama el “derecho a trabajar”. Wisconsin constituye el ejemplo más claro de la bancarrota de la burocracia sindical y su estrategia de confianza en los demócratas. Son esas derrotas las que les han permitido a reaccionarios como Trump posar como defensores de los intereses de los trabajadores.
Desde que la Ley de Derechos Civiles fue aprobada en 1964, el Partido Republicano adoptó la estrategia de apelar a los obreros blancos, a veces con éxito, sobre la base de buscar chivos expiatorios en las otras razas, impulsando la mentira de que los obreros blancos sufren porque el establishment liberal ha beneficiado a los negros y otras minorías a expensas suyas. El rasgo central y constante del capitalismo estadounidense es la opresión estructural de la población negra como una casta racial y de color, cuya mayoría se ve segregada por la fuerza al fondo de la sociedad. Oscureciendo la fundamental división de clases entre los capitalistas que poseen los medios de producción y los obreros que deben vender su fuerza de trabajo para sobrevivir, el racismo y la supremacía blanca han servido para atar a los obreros blancos a sus explotadores capitalistas sobre la base de la ilusión en un interés común debido al mismo color de piel.
En la precampaña demócrata, los negros están votando abrumadoramente por Hillary Clinton, pues la consideran el mejor candidato para derrotar a los demonios republicanos en noviembre. De hecho, en su competencia de 2008 con Obama, Clinton apeló abiertamente al racismo antinegro al afirmar que Obama no podría obtener el apoyo de los “estadounidenses que trabajan duro, los estadounidenses blancos”. Ahora ella se presenta como heredera del legado de Obama, aprovechando al mismo tiempo la popularidad de su esposo, Bill Clinton, entre la población negra.
Durante su periodo en el gobierno, Bill Clinton probablemente le hizo más daño a la población negra que ningún otro presidente desde la Segunda Guerra Mundial. Durante la campaña electoral de 1992, grotescamente voló de vuelta a Arkansas para presidir la ejecución de un hombre negro con daño cerebral, Ricky Ray Rector. Siendo presidente, erradicó “la asistencia social como la conocemos” e incrementó enormemente las atribuciones del estado, incluyendo las de detener y encarcelar a jóvenes negros. En todo esto contó con el apoyo de Hillary Clinton, que describió a los jóvenes negros del gueto como “superdepredadores”. Al mismo tiempo, Bill Clinton fue el primer presidente en tener amigos negros y en ser capaz de interactuar abierta y cómodamente con negros. Es una amarga muestra de la profundidad a la que llega la reacción racista en Estados Unidos el que estos gestos superficiales le hayan ganado a Clinton el apoyo de muchos negros a pesar de sus infames actos.
Con la elección de Barack Obama en 2008, las expectativas de los negros eran altas. Pero, si bien esas expectativas ya han sido olvidadas, queda entre los negros una profunda noción de solidaridad de raza con Obama. Esto ha sido reforzado por casi ocho años de reacción por parte de los republicanos en el congreso, amplificada por la gente del tipo “teabaggers” [militantes del derechista Tea Party] y “birthers” [que creen que Obama no nació en Estados Unidos]. Sin embargo, la verdad es que los negros no han ganado nada con su presidencia, durante la cual el desempleo en este sector se disparó, los salarios colapsaron y la riqueza media se desplomó. Mientras tanto, los negros siguen siendo asesinados a tiros por los desenfrenados policías racistas.
Contra lo que afirman muchos voceros negros, este estado de cosas no se debe a que Obama esté secuestrado por los republicanos. Sin duda, sus implacables ataques contra Obama casi siempre tienen una motivación racista. Pero el hombre negro de la Casa Blanca fue desde el principio un demócrata de Wall Street. Y lo demostró al poco tiempo de asumir el cargo. En una reunión con los grandes estafadores financieros en marzo de 2009, les aseguró que su gobierno era “lo único que se interpone entre ustedes y el linchamiento popular”, y añadió, “no he venido a perseguirlos, sino a protegerlos”. Y lo cumplió, con la eficaz ayuda de sus lugartenientes obreros en la burocracia sindical, que sacrificaron los empleos, los salarios y las condiciones laborales de sus afiliados para que el capitalismo estadounidense siguiera siendo redituable.
Los negros siguen siendo el sector de la población con mayor conciencia de la naturaleza cruel del racista Estados Unidos. Al mismo tiempo, están atados al Partido Demócrata y en su mayoría seguirán apoyándolo mientras no parezca haber otra alternativa. La clave para destrabar esa situación está en forjar esa alternativa.
Los obreros necesitan un partido propio
Con millones en el desempleo o luchando por subsistir con empleos de medio tiempo o temporales miserablemente mal pagados, muchos de los cuales han perdido sus hogares y dependen de los vales de alimentos, con sus pensiones y prestaciones de salud recortadas, existe una necesidad imperiosa de construir un partido obrero basado en el entendimiento fundamental de que los obreros no tienen ningún interés en común con los patrones. Un partido así uniría a los empleados con los desempleados, los pobres de los guetos y los inmigrantes en una lucha por empleos y condiciones dignas de vivienda para todos. El poder para llevar a cabo esta lucha está en manos de los hombres y mujeres —negros, blancos e inmigrantes— cuyo trabajo hace girar los engranes de la producción y genera la riqueza que los capitalistas se roban.
En el Programa de Transición de 1938, documento de fundación de la IV Internacional, León Trotsky planteó una serie de reivindicaciones para enfrentar la catástrofe que amenazaba a la clase obrera en medio de la Gran Depresión de los años treinta. El fin de estas reivindicaciones era armar a los obreros con el entendimiento de que la única respuesta era la conquista del poder por el proletariado. Para combatir la plaga del desempleo, llamaba por unir a los empleados y los desempleados en la lucha por una semana laboral más corta sin pérdida de salario, para distribuir el trabajo accesible, así como por una escala móvil de salarios que aumentara con el costo de la vida. Exigía un programa masivo de obras públicas con salarios al nivel del de los obreros sindicalizados. Para garantizar condiciones de vida decentes, todos debían tener vivienda y otras instalaciones sociales, así como acceso a la atención médica y a la educación sin ningún costo para los beneficiarios. El seguro de los desempleados debía durarles hasta que consiguieran empleo, con la totalidad de sus pensiones garantizada por el gobierno. Sólo la lucha por este tipo de reivindicaciones podría enfrentar las míseras condiciones que los obreros sufren actualmente.
Como argumentó Trotsky, quien junto con Lenin fuera el líder de la Revolución Rusa de 1917:
“Los propietarios y sus abogados demostrarán ‘la imposibilidad de realizar’ estas reivindicaciones. Los capitalistas de menor cuantía, sobre todo aquellos que marchan a la ruina, invocarán además sus libros de contabilidad. Los obreros rechazarán categóricamente esos argumentos y esas referencias. No se trata aquí del choque ‘normal’ de intereses materiales opuestos. Se trata de preservar al proletariado de la decadencia, de la desmoralización y de la ruina. Se trata de la vida y de la muerte de la única clase creadora y progresiva y, por eso mismo, del porvenir de la humanidad. Si el capitalismo es incapaz de satisfacer las reivindicaciones que surgen infaliblemente de los males por él mismo engendrados, no le queda otra cosa que morir. La ‘posibilidad’ o la ‘imposibilidad’ de realizar las reivindicaciones es, en el caso presente, una cuestión de relación de fuerzas que sólo puede ser resuelta por la lucha. Sobre la base de esta lucha, cualesquiera que sean los éxitos prácticos inmediatos, los obreros comprenderán, en la mejor forma, la necesidad de liquidar la esclavitud capitalista”.
Las nuevas batallas obreras sentarán las bases para revivir y extender los sindicatos, echando a sus dirigentes vendidos actuales y remplazándolos con una nueva dirección clasista. Para que los obreros triunfen sobre sus explotadores, deben estar armados con un programa político marxista que vincule el combate sindical con la lucha por construir un partido obrero revolucionario multirracial. Ese partido dirigiría la lucha por barrer al estado burgués mediante la revolución socialista y establecer un estado obrero donde los que trabajan gobiernen.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/eu.html
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2016.06.07 04:03 ShaunaDorothy Demócratas, republicanos: ¡Fuera todos! EE.UU.: Miedo, odio y precampañas (Mayo de 2016)

https://archive.is/BYpsq
Espartaco No. 45 Mayo de 2016
¡Por un partido obrero revolucionario multirracial!
En su libro de 1917, El estado y la revolución, el dirigente bolchevique V.I. Lenin describió sucintamente el fraude de la democracia burguesa: “Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: ésa es la verdadera esencia del parlamentarismo burgués”. Como marxistas revolucionarios, nos oponemos por principio a votar por los republicanos, los demócratas o cualquier otro candidato burgués. Al mismo tiempo, las precampañas de este año están mostrando la rabia y la desesperación que durante décadas se han ido acumulando al fondo de la sociedad estadounidense.
Existe un odio extendido hacia el establishment político de ambos partidos, que con razón son considerados agentes vendidos y comprados por los estafadores financieros de Wall Street y las empresas hinchadas de ganancias que han provocado la ruina de millones. Pero, debido sobre todo a la burocracia sindical procapitalista, la rabia de los trabajadores no se ha expresado como lucha de clases contra los gobernantes. Como resultado, el descontento de los gobernados encuentra expresión en el apoyo a candidatos burgueses “antiestablishment”. Hasta el momento, el abiertamente racista Donald Trump, un magnate multimillonario de bienes raíces, lleva la delantera como precandidato republicano. El autodenominado “socialista demócrata” Bernie Sanders le está dando a la segunda representante de la dinastía Clinton más problemas de los que nadie hubiera previsto.
Sanders es el único candidato de este circo electoral que ofrece pan a las masas con llamados por educación gratuita, asistencia médica para todos y un salario mínimo de quince dólares por hora. Esto ha resonado particularmente entre la juventud pequeñoburguesa blanca, así como entre un sector de los obreros blancos cuyos sindicatos han sido destruidos, cuyos salarios se han desplomado, cuyas prestaciones han sido saqueadas y cuyas posibilidades de obtener un empleo bien remunerado prácticamente han desaparecido. Las promesas de Sanders no son más que charlatanería. Sólo la lucha de clases podría arrancarle a la burguesía semejantes concesiones. Pese a haber sido acusado de rojo, Sanders no es ningún socialista; es un político capitalista. Sin embargo, en una sociedad donde por mucho tiempo se ha vilipendiado al socialismo como un ataque al “modo de vida estadounidense”, el que Sanders esté obteniendo apoyo en un sector de los obreros blancos es una medida del creciente descontento.
El establishment demócrata tolera las pretensiones de Sanders de estar “dirigiendo una revolución política contra la clase multimillonaria”. Él siempre le ha servido a la clase dominante, particularmente con su apoyo a las sangrientas guerras, ocupaciones y demás aventuras militares con que el imperialismo estadounidense ha devastado países alrededor del mundo (ver: “Bernie Sanders: Imperialist Running Dog” [Bernie Sanders: Mandadero de los imperialistas], WV No. 1083, 12 de febrero). Sanders no sólo está compitiendo por la primera posición en la boleta interna de un partido que, al igual que el Republicano, representa los intereses de la burguesía; también está ayudando a restaurar la imagen de los demócratas como “partido del pueblo”. Además, ha dejado en claro que, en la elección general, apoyará a quien quiera que resulte electo candidato demócrata, presumiblemente Hillary Clinton. Por su parte, Clinton está ganando la mayor parte del voto negro, conforme el miedo a una victoria republicana, amplificado por los fascistas que se arrastran a los pies de Donald Trump, impulsa todavía más el apoyo de los negros a los demócratas, que alguna vez fueron el partido de la Confederación y el [sistema de segregación racial] Jim Crow.
Del lado republicano, presenciamos el espectáculo del establishment partidista gastando millones de dólares en publicidad, no contra los demócratas, sino contra el precandidato que encabeza la carrera en su propio partido. Los reflectores se enfocan en los ex candidatos republicanos para que prediquen contra el beligerante racismo antiimigrante de Trump y su asqueroso sexismo. La hipocresía es asombrosa viniendo de los mismos que exigían a los inmigrantes que se “deportaran a sí mismos”; que insultaban a los obreros y a los pobres como “parásitos” por pedir atención médica, alimentación y vivienda; que trabajaron tiempo extra por revertir todas las conquistas del movimiento por los derechos civiles; y que recurrieron al texto bíblico para condenar a las mujeres que necesitaban abortos, a los gays y a los demás “desviados”.
Trump no hace sino decir en voz alta lo que los líderes del partido republicano han promovido durante años. Lo que les molesta es que no esté cumpliendo las reglas del establishment del partido. Para ellos, incitar al odio racista sirve como un ariete ideológico para empobrecer aún más a la clase obrera y los pobres recortando los pocos programas sociales que todavía existen. Trump dice que no atacará la seguridad social ni la asistencia médica pública. Este demagogo reaccionario podría hacer o decir cualquier cosa. Su afirmación de que traerá la manufactura de vuelta a Estados Unidos, invocando una variante particularmente racista del proteccionismo de “salven los empleos estadounidenses”, le ha dado cierta audiencia entre los trabajadores blancos pobres. Por su parte, a la dirigencia republicana le preocupa que Trump azuce a las masas desempleadas y empobrecidas en casa y ponga en riesgo las ganancias que el imperialismo estadounidense obtiene del saqueo de “libre comercio” del mundo neocolonial.
Para los líderes republicanos, Trump añade insulto a la injuria al aprovechar la consigna de campaña de Ronald Reagan, santo patrono del Partido Republicano, “Make America Great Again” [Que EE.UU. vuelva a ser grande]. Reagan llegó a la Oficina Oval aprovechando y azuzando la reacción racista blanca contra los programas sociales que se consideraban beneficiosos para los negros pobres de los guetos. Jugó la carta racial, como siempre lo han hecho los gobernantes estadounidenses, para aumentar la brutal explotación de la clase obrera en su conjunto. Hoy, la devastación que afectó primero a los pobres y obreros negros se ha vuelto cada vez más real para los pobres y obreros blancos.
En los años noventa, el libro del ideólogo racista Charles Murray, La curva de Bell, achacó la miseria de los pobres del gueto a la “inferioridad genética” de los negros. En 2012, su libro Coming Apart: The State of White America, 1960-2010 [Desmoronamiento: La situación de la población blanca en EE.UU., 1960-2010] achacó la miseria que sufren los blancos pobres a su falta de valores, tanto familiares como de otro tipo. Este desprecio clasista se expresó más abiertamente en un artículo de un tal Kevin D. Williamson, recientemente publicado en la derechista National Review (28 de marzo). Titulado “Chaos in the Family, Chaos in the State: The White Working Class’s Dysfunction” [Caos en la familia, caos en el estado: La disfunción de la clase obrera blanca], el artículo despotrica:
“No les ha pasado nada. No hubo catástrofe alguna. No han sufrido ni la guerra ni la hambruna ni la peste ni la ocupación extranjera. Los cambios económicos de las últimas décadas no bastan para explicar la disfunción, la negligencia —y la incomprensible malevolencia— de la población pobre y blanca de EE.UU....
“La verdad de estas comunidades disfuncionales y degradadas es que merecen morir. Económicamente, son números rojos.Moralmente, son indefendibles”.
La clase obrera no podrá liberarse de las cadenas de la esclavitud asalariada si el proletariado no asume la causa de la liberación negra, que por sí misma requiere destruir este racista sistema capitalista mediante la revolución socialista. En el libro primero de El capital (1867), Karl Marx capturó la gran verdad de la sociedad capitalista estadounidense al escribir: “El trabajo en piel blanca no puede emanciparse allí donde el trabajo en piel negra está marcado con fierro candente”. Nuestro propósito como marxistas hoy es traducir la ira y el descontento hirvientes de las masas trabajadoras en un entendimiento consciente de que la clase obrera necesita su propio partido: no como un vehículo electoral que compita para administrar el estado burgués, sino como un partido que abandere la causa de todos los explotados y oprimidos en la lucha por el poder obrero.
Aquél a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco
La locura del Partido Republicano no es más que una manifestación de la peligrosa irracionalidad del imperialismo estadounidense. Habiendo conseguido en 1991-1992 la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética —que había nacido de la primera y única revolución obrera exitosa en el mundo—, los gobernantes capitalistas estadounidenses han actuado como si fueran los amos indiscutibles del mundo. Tanto bajo los gobiernos republicanos como bajo los demócratas, han lanzado su poderío militar por todo el mundo. Pero ni con su interminable serie de guerras el imperialismo estadounidense ha conseguido frenar el declive de su poder económico.
Afirmando que “hay que detener a Trump”, un antiguo asesor en política exterior del gobierno de Bush clamó: “Ha hecho enojar a nuestros aliados en Centroamérica, Europa, el Oriente asiático y Medio Oriente”. El que Trump denunciara la invasión de Irak que inició Bush ha molestado particularmente a los neoconservadores que fueron los arquitectos de esa guerra. En una columna de opinión contra Trump publicada en el Washington Post (25 de febrero), Robert Kagan concluye: “Para este antiguo republicano, y quizá para otros, puede no quedar otra alternativa que votar por Hillary Clinton”. ¿Y por qué no? Las credenciales de Clinton como una de los mayores halcones [probélicos] del imperialismo estadounidense son impecables.
Muchos, incluyendo republicanos que tienen columnas en el New York Times, se han preguntado: “¿Es Donald Trump un fascista?”. Otros comparan su candidatura con el fin de la República de Weimar y el ascenso de los nazis de Hitler. Pero el terreno donde crecieron los nazis era el de un país imperialista que había sido derrotado en la Primera Guerra Mundial. Apelando al descontento de una pequeña burguesía cada vez más pobre, los nazis se habían convertido en un movimiento de masas para principios de los años treinta. Cuando las direcciones de los partidos obreros Comunista y Socialista, que contaban con millones de miembros, no intentaron derrocar el decadente orden capitalista en Alemania, la desacreditada burguesía desató a los nazis para conservar su dominio aplastando al movimiento obrero y, en el proceso, sentó las bases para la indescriptible barbarie del Holocausto.
En cambio, Estados Unidos no es un país imperialista derrotado, sino que sigue siendo la “única superpotencia del mundo”, cuyo poderío militar es muchas veces superior al de todos sus rivales imperialistas juntos. Otra diferencia es que la clase dominante estadounidense no enfrenta por el momento la amenaza de la clase obrera en casa. Por el contrario, gracias a los traidores que están a la cabeza de los sindicatos, cuya base es cada vez más reducida, la burguesía estadounidense ha prevalecido hasta ahora en su larga guerra contra los obreros.
Trump no es un fascista. El camino al poder que ha proyectado no se sale del marco electoral. Pero sí hay mucho que temer de los locos que son azuzados en sus mítines en un frenesí patriotero y antiimigrante, que ha provocado protestas multirraciales contra él en todo el país. Quienes protestan contra los mítines de Trump han sido agredidos y los manifestantes negros han tenido que sufrir gritos de “¡Regresen a África!”. El KKK y otros grupos fascistas están saliendo de sus agujeros, con el antiguo gran mago del Klan David Duke declarando que “votar contra Trump en este punto es traicionar tu herencia”.
De manera similar, en los años ochenta el racismo oficial que emanaba de la Casa Blanca de Reagan alentó al Klan y a los nazis. Cuando éstos trataron de organizar sus mítines por el terror racista en grandes centros urbanos, nosotros convocamos movilizaciones de masas obreras y de minorías para detenerlos. En Chicago, Washington D.C., Filadelfia y otros lugares, fueron detenidos por protestas de miles basadas en el poder social de los sindicatos multirraciales movilizados al frente de los negros pobres de los guetos, los inmigrantes y todos aquéllos que el terror fascista querría victimizar. Estas movilizaciones demostraron en pequeña escala el papel del partido obrero revolucionario que queremos construir.
Obreros y negros: Entre la espada y la pared
Es responsabilidad directa de la burocracia sindical procapitalista el que un sector significativo de los trabajadores blancos apoye a un hombre que llegó a ser conocido por la frase “¡Estás despedido!”. Trump está consiguiendo ese apoyo al izar la bandera del proteccionismo de “Estados Unidos primero” de los falsos dirigentes de la AFL-CIO. Bajo esta bandera, una y otra vez los farsantes sindicales han cedido conquistas obtenidas en duras batallas de la clase obrera negra, blanca e inmigrante.
Los capitalistas siempre irán donde la mano de obra sea más barata para maximizar sus ganancias. Pero hacer de los trabajadores extranjeros chivos expiatorios por la pérdida de empleos en EE.UU. es una respuesta reaccionaria. El proteccionismo refuerza las ilusiones en el capitalismo estadounidense. Mina las perspectivas de lucha al envenenar la conciencia de la clase obrera e impedir la solidaridad con sus aliados de clase potenciales en China, México y otros lugares. Este proteccionismo también imbuye en los obreros la falsa idea de que mejorar sus condiciones materiales está totalmente fuera de su control y de su capacidad de organizarse y luchar, y de que depende sólo de algún salvador burgués.
Tanto Bernie Sanders como Donald Trump juegan la misma carta económica nacionalista. Aunque Sanders apela a la “unidad” contra el racismo xenófobo de Trump, lo que ocurre en los mítines de este último es simplemente el reflejo descarnado del chovinismo subyacente en los llamados a “salvar los empleos estadounidenses” de la competencia extranjera. Para que los sindicatos sirvan como instrumentos de lucha contra los patrones, deben enarbolar la lucha por los derechos de los inmigrantes, exigiendo el fin de las deportaciones e izando la bandera por plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes. La lucha por esas exigencias haría avanzar el combate común de los obreros estadounidenses y sus aliados de clase internacionalmente.
Hoy, el descontento de muchos obreros está siendo canalizado a las campañas ya sea de Trump o de Sanders. Pero la furia obrera también se ha expresado en el impulso de luchar contra la ofensiva de los capitalistas, un impulso que los falsos dirigentes sindicales han frustrado una y otra vez. El año pasado, los jóvenes obreros automotrices, muchos de ellos negros, estaban más que dispuestos a ir a huelga contra el odiado sistema de niveles, que alienta la división entre los obreros. En ello, contaban con gran apoyo entre los obreros más viejos, tanto blancos como negros, lo que apunta al potencial de la unidad de clase, trascendiendo las líneas raciales. Pero los dirigentes sindicales del United Auto Workers les hicieron tragar un contrato vendido con los “Tres de Detroit”, que de hecho expandía el odiado sistema de niveles.
En 2011, este espíritu de lucha se manifestó vívidamente también en Wisconsin, donde el gobernador republicano Scott Walker lanzó una ofensiva que amenazaba la existencia misma de los sindicatos públicos. Miles de obreros ocuparon la rotonda del Capitolio de Wisconsin y se movilizaron en manifestaciones de hasta 100 mil personas. Pese a la combatividad de los obreros, los burócratas sindicales se aseguraron de que no se emprendiera ninguna acción huelguística, canalizando en cambio el enojo de los obreros hacia la estrategia perdedora de revocar el mandato de Walker.
¿El resultado? La devastación de un movimiento sindical que ya estaba en decadencia. En 2011, más del 50 por ciento de los empleados públicos estaba sindicalizado. Para 2015, la tasa de sindicalización se había desplomado al 26 por ciento. En Indiana, ataques similares llevados a cabo con anterioridad condujeron prácticamente a la desaparición de los sindicatos del sector público en el estado. Y en 2015, Wisconsin se unió a Indiana, Michigan y otros 22 estados como uno más de los estados antisindicatos donde se proclama el “derecho a trabajar”. Wisconsin constituye el ejemplo más claro de la bancarrota de la burocracia sindical y su estrategia de confianza en los demócratas. Son esas derrotas las que les han permitido a reaccionarios como Trump posar como defensores de los intereses de los trabajadores.
Desde que la Ley de Derechos Civiles fue aprobada en 1964, el Partido Republicano adoptó la estrategia de apelar a los obreros blancos, a veces con éxito, sobre la base de buscar chivos expiatorios en las otras razas, impulsando la mentira de que los obreros blancos sufren porque el establishment liberal ha beneficiado a los negros y otras minorías a expensas suyas. El rasgo central y constante del capitalismo estadounidense es la opresión estructural de la población negra como una casta racial y de color, cuya mayoría se ve segregada por la fuerza al fondo de la sociedad. Oscureciendo la fundamental división de clases entre los capitalistas que poseen los medios de producción y los obreros que deben vender su fuerza de trabajo para sobrevivir, el racismo y la supremacía blanca han servido para atar a los obreros blancos a sus explotadores capitalistas sobre la base de la ilusión en un interés común debido al mismo color de piel.
En la precampaña demócrata, los negros están votando abrumadoramente por Hillary Clinton, pues la consideran el mejor candidato para derrotar a los demonios republicanos en noviembre. De hecho, en su competencia de 2008 con Obama, Clinton apeló abiertamente al racismo antinegro al afirmar que Obama no podría obtener el apoyo de los “estadounidenses que trabajan duro, los estadounidenses blancos”. Ahora ella se presenta como heredera del legado de Obama, aprovechando al mismo tiempo la popularidad de su esposo, Bill Clinton, entre la población negra.
Durante su periodo en el gobierno, Bill Clinton probablemente le hizo más daño a la población negra que ningún otro presidente desde la Segunda Guerra Mundial. Durante la campaña electoral de 1992, grotescamente voló de vuelta a Arkansas para presidir la ejecución de un hombre negro con daño cerebral, Ricky Ray Rector. Siendo presidente, erradicó “la asistencia social como la conocemos” e incrementó enormemente las atribuciones del estado, incluyendo las de detener y encarcelar a jóvenes negros. En todo esto contó con el apoyo de Hillary Clinton, que describió a los jóvenes negros del gueto como “superdepredadores”. Al mismo tiempo, Bill Clinton fue el primer presidente en tener amigos negros y en ser capaz de interactuar abierta y cómodamente con negros. Es una amarga muestra de la profundidad a la que llega la reacción racista en Estados Unidos el que estos gestos superficiales le hayan ganado a Clinton el apoyo de muchos negros a pesar de sus infames actos.
Con la elección de Barack Obama en 2008, las expectativas de los negros eran altas. Pero, si bien esas expectativas ya han sido olvidadas, queda entre los negros una profunda noción de solidaridad de raza con Obama. Esto ha sido reforzado por casi ocho años de reacción por parte de los republicanos en el congreso, amplificada por la gente del tipo “teabaggers” [militantes del derechista Tea Party] y “birthers” [que creen que Obama no nació en Estados Unidos]. Sin embargo, la verdad es que los negros no han ganado nada con su presidencia, durante la cual el desempleo en este sector se disparó, los salarios colapsaron y la riqueza media se desplomó. Mientras tanto, los negros siguen siendo asesinados a tiros por los desenfrenados policías racistas.
Contra lo que afirman muchos voceros negros, este estado de cosas no se debe a que Obama esté secuestrado por los republicanos. Sin duda, sus implacables ataques contra Obama casi siempre tienen una motivación racista. Pero el hombre negro de la Casa Blanca fue desde el principio un demócrata de Wall Street. Y lo demostró al poco tiempo de asumir el cargo. En una reunión con los grandes estafadores financieros en marzo de 2009, les aseguró que su gobierno era “lo único que se interpone entre ustedes y el linchamiento popular”, y añadió, “no he venido a perseguirlos, sino a protegerlos”. Y lo cumplió, con la eficaz ayuda de sus lugartenientes obreros en la burocracia sindical, que sacrificaron los empleos, los salarios y las condiciones laborales de sus afiliados para que el capitalismo estadounidense siguiera siendo redituable.
Los negros siguen siendo el sector de la población con mayor conciencia de la naturaleza cruel del racista Estados Unidos. Al mismo tiempo, están atados al Partido Demócrata y en su mayoría seguirán apoyándolo mientras no parezca haber otra alternativa. La clave para destrabar esa situación está en forjar esa alternativa.
Los obreros necesitan un partido propio
Con millones en el desempleo o luchando por subsistir con empleos de medio tiempo o temporales miserablemente mal pagados, muchos de los cuales han perdido sus hogares y dependen de los vales de alimentos, con sus pensiones y prestaciones de salud recortadas, existe una necesidad imperiosa de construir un partido obrero basado en el entendimiento fundamental de que los obreros no tienen ningún interés en común con los patrones. Un partido así uniría a los empleados con los desempleados, los pobres de los guetos y los inmigrantes en una lucha por empleos y condiciones dignas de vivienda para todos. El poder para llevar a cabo esta lucha está en manos de los hombres y mujeres —negros, blancos e inmigrantes— cuyo trabajo hace girar los engranes de la producción y genera la riqueza que los capitalistas se roban.
En el Programa de Transición de 1938, documento de fundación de la IV Internacional, León Trotsky planteó una serie de reivindicaciones para enfrentar la catástrofe que amenazaba a la clase obrera en medio de la Gran Depresión de los años treinta. El fin de estas reivindicaciones era armar a los obreros con el entendimiento de que la única respuesta era la conquista del poder por el proletariado. Para combatir la plaga del desempleo, llamaba por unir a los empleados y los desempleados en la lucha por una semana laboral más corta sin pérdida de salario, para distribuir el trabajo accesible, así como por una escala móvil de salarios que aumentara con el costo de la vida. Exigía un programa masivo de obras públicas con salarios al nivel del de los obreros sindicalizados. Para garantizar condiciones de vida decentes, todos debían tener vivienda y otras instalaciones sociales, así como acceso a la atención médica y a la educación sin ningún costo para los beneficiarios. El seguro de los desempleados debía durarles hasta que consiguieran empleo, con la totalidad de sus pensiones garantizada por el gobierno. Sólo la lucha por este tipo de reivindicaciones podría enfrentar las míseras condiciones que los obreros sufren actualmente.
Como argumentó Trotsky, quien junto con Lenin fuera el líder de la Revolución Rusa de 1917:
“Los propietarios y sus abogados demostrarán ‘la imposibilidad de realizar’ estas reivindicaciones. Los capitalistas de menor cuantía, sobre todo aquellos que marchan a la ruina, invocarán además sus libros de contabilidad. Los obreros rechazarán categóricamente esos argumentos y esas referencias. No se trata aquí del choque ‘normal’ de intereses materiales opuestos. Se trata de preservar al proletariado de la decadencia, de la desmoralización y de la ruina. Se trata de la vida y de la muerte de la única clase creadora y progresiva y, por eso mismo, del porvenir de la humanidad. Si el capitalismo es incapaz de satisfacer las reivindicaciones que surgen infaliblemente de los males por él mismo engendrados, no le queda otra cosa que morir. La ‘posibilidad’ o la ‘imposibilidad’ de realizar las reivindicaciones es, en el caso presente, una cuestión de relación de fuerzas que sólo puede ser resuelta por la lucha. Sobre la base de esta lucha, cualesquiera que sean los éxitos prácticos inmediatos, los obreros comprenderán, en la mejor forma, la necesidad de liquidar la esclavitud capitalista”.
Las nuevas batallas obreras sentarán las bases para revivir y extender los sindicatos, echando a sus dirigentes vendidos actuales y remplazándolos con una nueva dirección clasista. Para que los obreros triunfen sobre sus explotadores, deben estar armados con un programa político marxista que vincule el combate sindical con la lucha por construir un partido obrero revolucionario multirracial. Ese partido dirigiría la lucha por barrer al estado burgués mediante la revolución socialista y establecer un estado obrero donde los que trabajan gobiernen.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/eu.html
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2016.06.07 03:07 ShaunaDorothy Protestas en Hong Kong: Punta de lanza de la contrarrevolución capitalista ¡Expropiar a los magnates de Hong Kong! ¡Por la revolución política proletaria en China! (Marzo de 2015)

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Espartaco No. 43 Marzo de 2015
El siguiente artículo es una traducción de Workers Vanguard No. 1054 (17 de octubre), e incorpora una corrección al nombre de una publicación. El Movimiento Paraguas terminó a mediados de diciembre sin haber obtenido concesión alguna de parte del gobierno chino.
Los activistas por la “democracia” respaldados por el imperialismo, que buscan terminar con el control del Partido Comunista Chino (PCCh) sobre el enclave capitalista de Hong Kong, continúan bloqueando calles en algunas partes de la ciudad como lo han hecho desde finales de septiembre. Los manifestantes, conocidos como el Movimiento Paraguas, utilizando la exigencia de sufragio universal como cuña, buscan abrirle paso a los partidos capitalistas de Hong Kong para que ejerzan directamente el poder político. Está en interés de los trabajadores de todo el mundo oponerse a estas protestas. Si la burguesía de Hong Kong se hiciera con el poder político, la isla se convertiría en una plataforma para destruir el estado obrero burocráticamente deformado chino y abrir la China continental a la explotación capitalista desenfrenada.
Un coro de fuerzas reaccionarias, que abarca desde la Casa Blanca y Fox News hasta el Vaticano, ha expresado su apoyo a las exigencias del Movimiento Paraguas. En una reunión el 1° de octubre con el ministro de relaciones exteriores chino, Wang Yi, el secretario de estado estadounidense, John Kerry, subrayó el interés de Washington en las “elecciones libres” en Hong Kong. Gran Bretaña, que mantuvo la isla como colonia durante más de un siglo y medio sin la más mínima pretensión democrática, se sumó a esta exigencia; Nick Clegg, el viceprimer ministro, mandó llamar al embajador chino para expresarle su “consternación y alarma” ante la negativa de Beijing de darle “al pueblo de Hong Kong lo que tiene todo el derecho a esperar”. La “democracia” ha sido uno de los pretextos favoritos para las maquinaciones imperialistas, particularmente durante la Guerra Fría antisoviética. En el caso de las protestas de Hong Kong, sin embargo, los imperialistas han actuado con cierta reserva para no afectar su relación comercial con China.
China no es un país capitalista, aunque sus “reformas de mercado” han abierto las puertas a la inversión a gran escala de las compañías extranjeras y propiciado el surgimiento de una capa de capitalistas en la China continental. La economía china está estrechamente controlada por el régimen del PCCh; los sectores más importantes de la industria permanecen colectivizados y en manos del estado. El objetivo de los imperialistas es destruir el control del estado a través de la contrarrevolución capitalista. Para lograrlo, buscan intervenir económicamente en China y promueven fuerzas contrarrevolucionarias internas como el Movimiento Paraguas. La otra parte de esta estrategia es la presión militar que ejercen EE.UU. y aliados suyos como Japón, subrayada recientemente por una serie de provocaciones en el Mar de China Oriental y el Mar de China Meridional, por no mencionar los vuelos espías en la costa oriental china. La reacción de China ha sido bastante contenida. ¡Basta imaginar la histeria que desataría el gobierno estadounidense si la marina china fuera avistada a 80 kilómetros de las costas de California!
El Hong Kong capitalista representa una oportunidad dorada para que las potencias imperialistas fomenten un “cambio de régimen”. Y vaya que se han esforzado en hacerlo; Washington gasta cientos de miles de dólares al año en financiamientos del Departamento de Estado para desarrollar “instituciones democráticas” en el enclave y capacitar a jóvenes como activistas políticos. También han establecido operaciones de espionaje en Hong Kong, como la intervención de teléfonos celulares chinos operada por la NSA y revelada por Edward Snowden. El Movimiento Paraguas no es más que la última expresión de las manifestaciones “democráticas” anticomunistas que el imperialismo respalda desde que éstas iniciaron hace más de una década. Su exigencia actual de “elecciones libres” surge de la oposición al reciente plan de Beijing, según el cual el ejecutivo en jefe de Hong Kong será elegido a partir de una lista de candidatos aprobada por un comité bajo la influencia del PCCh.
En 1997, cuando Hong Kong regresó a ser parte de China después de estar bajo dominio británico, el PCCh se comprometió a mantener una economía capitalista en Hong Kong bajo el lema “un país, dos sistemas”, un proceso que también otorgó voz a los capitalistas locales en la selección del gobierno. Para los burócratas estalinistas de Beijing, este sistema tenía como objetivo promover la inversión extranjera en la China continental, demostrando a los capitalistas extranjeros que era seguro hacer negocios con China. Cuando tuvo lugar la transición, la Liga Comunista Internacional “se unió a las ovaciones mientras el Imperio Británico podrido perdía su última colonia importante”, pero advertimos que la continuación del capitalismo en Hong Kong era “un puñal dirigido a las conquistas remanentes de la Revolución China de 1949” (Espartaco No. 10, otoño-invierno de 1997). A diferencia de los capitalistas atomizados de la China continental, la burguesía de Hong Kong está políticamente organizada, con partidos que representan sus intereses de clase y una variedad de periódicos y demás medios de comunicación.
La oposición de la LCI al Movimiento Paraguas deriva de nuestra defensa militar incondicional del estado obrero chino contra el imperialismo y la contrarrevolución interna. Llamamos por la expropiación de la burguesía de Hong Kong, incluidas sus propiedades en la China continental. De igual forma, es necesario expropiar a los nuevos empresarios capitalistas en China y renegociar los términos de la inversión extranjera en el interés de los trabajadores. Estos objetivos, sin embargo, plantean la necesidad de la revolución política obrera para derrocar a la venal burocracia de Beijing, que actúa como un cáncer sobre el estado obrero y que, a través de sus políticas, ha envalentonado a las fuerzas favorables a la restauración del capitalismo en China.
Desde hace tiempo, los estalinistas de Beijing promueven la reunificación con Taiwán bajo la misma fórmula de “un país, dos sistemas” aplicada en Hong Kong. La burguesía de Taiwán, que opera bajo la protección militar directa del imperialismo estadounidense, estableció su gobierno sobre la isla después de huir de las fuerzas del PCCh de Mao Zedong. La reunificación con un Taiwán capitalista, por improbable que sea, ayudaría enormemente a las fuerzas de la restauración capitalista en la China continental, mucho más que en el caso de Hong Kong. Estamos por la reunificación revolucionaria: la revolución política proletaria en la República Popular China junto con la revolución socialista proletaria en Taiwán, que resultaría en la expropiación de la burguesía.
El que paga manda
En un útil y revelador reportaje sobre el Movimiento Paraguas aparecido en la revista New Eastern Outlook (1° de octubre), Tony Cartalucci escribe: “Basta identificar a los dirigentes, rastrear el dinero y examinar el modo en que los medios occidentales cubren estos sucesos para descubrir con certeza que, una vez más, Washington y Wall Street están trabajando duro para hacer que la isla china de Hong Kong sea tan difícil de gobernar para Beijing como sea posible”. En particular, Cartalucci detalla el papel de la National Endowment for Democracy (NED, Fundación Nacional para la Democracia), operada por el Departamento de Estado estadounidense —una fundación que estuvo metida hasta el cuello en el golpe, infestado de fascistas, en Ucrania [el año pasado]— y el National Democratic Institute (NDI, Instituto Nacional Demócrata, una subsidiaria de la NED). Las iglesias cristianas, con sus extensos y escabrosos antecedentes de organización de disidentes anticomunistas en los estados obreros deformados, también han jugado un papel prominente en el movimiento. Estas iglesias, herencia del colonialismo británico, constituyen una poderosa fuerza para la reacción social en Hong Kong, donde hay una iglesia prácticamente en cada calle.
El Movimiento Paraguas emergió de una huelga estudiantil del 22 de septiembre convocada por la Federación de Estudiantes de Hong Kong y una organización de estudiantes de secundaria y preparatoria llamada Escolarismo. Cada 1° de julio, la Federación de Estudiantes forma una parte significativa de las protestas contra el hecho de que la antigua colonia británica haya sido devuelta a China. Escolarismo es fundamentalmente la creación de Joshua Wong, de 18 años de edad, que se convirtió en activista político bajo la tutela de sus padres, militantes religiosos. (Su padre, un alto mando de la iglesia luterana, es un aguerrido opositor a los derechos homosexuales). Wong dio sus primeros pasos en la política, y se ganó la aprobación del NDI, organizando una campaña contra el temario escolar pro-Beijing, al que acusaba de ser “un lavado de cerebro”.
Otra fuerza en las protestas a favor de la “democracia” capitalista es la dirección de Occupy Central, que mantiene, desde hace tiempo, estrechos lazos con los imperialistas. El más celebrado de los fundadores de Occupy, el profesor de derecho Benny Tai, es un ponente habitual en los eventos patrocinados por la NED. Otros dirigentes incluyen a Chu Yiu-ming, un ministro de la iglesia bautista que ayudó a llevar disidentes procapitalistas a EE.UU. después de las protestas de 1989 en la Plaza Tiananmen de Beijing, y Martin Lee, presidente y fundador del capitalista Partido Demócrata de Hong Kong y ganador del Premio a la Democracia otorgado por la NED en 1997. En abril de 2014, Lee y la también dirigente de Occupy, Anson Chan, viajaron a Washington, donde se entrevistaron con [el vicepresidente] Joe Biden y [la congresista republicana] Nancy Pelosi. Otro líder de Occupy Central, el magnate de los medios Jimmy Lai, negó estar conspirando con EE.UU. después de que en mayo se reuniera por cinco horas en su yate privado con su “buen amigo”, el antiguo subsecretario de defensa estadounidense y neoconservador, Paul Wolfowitz (Standard de Hong Kong, 20 de junio).
Después de que la policía usara gas lacrimógeno y gas pimienta para desalojar a los estudiantes que habían bloqueado el área alrededor de las oficinas centrales del gobierno a finales de septiembre, la Confederación de Organizaciones Sindicales de Hong Kong (CTU) convocó a una huelga general de un día. Esta organización sindical, que representa fundamentalmente a maestros y oficinistas, forma parte de la tradición anticomunista de “sindicatos libres” respaldados por los imperialistas, en contraste con la Federación Sindical de Hong Kong, favorable a Beijing. Entre los patrones que respaldaron la huelga de la CTU se encuentra la compañía publicitaria McCann Worldgroup Hong Kong, que le hizo saber a sus empleados que “la compañía no castigará a nadie que apoye algo más importante que el trabajo” (South China Morning Post, 30 de septiembre).
No hay duda alguna acerca de la naturaleza reaccionaria de las protestas “democráticas”, dominadas por estudiantes y otros estratos pequeñoburgueses. Un manifestante le dijo al New York Times (7 de octubre) que prefería “ser gobernado por un país democrático”; su playera con la bandera británica, el delantal de carnicero de los antiguos gobernantes coloniales de Hong Kong, dejó en claro a qué se refería. Los manifestantes frecuentemente combinan el anticomunismo más descarado con el altivo desdén por los habitantes de la China continental, a los que se refieren despectivamente como una “plaga”.
Hong Kong: Maquiladora de “cuello blanco”
La Revolución China de 1949 tuvo una importancia histórica mundial. Cientos de millones de campesinos se levantaron y tomaron la tierra en la que sus ancestros habían sido explotados desde tiempos inmemoriales. La creación subsecuente de una economía colectivizada y centralmente planificada sentó las bases para un progreso social enorme. La revolución permitió un avance exponencial en la situación de la mujer respecto a la condición miserable en la que vivían, arraigada en prácticas confucianas como el matrimonio forzado. Una nación que había sido expoliada y dividida por las potencias extranjeras logró unificarse (con la excepción de Hong Kong, Taiwán y Macao) y liberarse del yugo imperialista.
Sin embargo, la dirección del PCCh de Mao Zedong, una casta burocrática montada sobre el estado obrero, hizo que la revolución estuviera deformada desde el inicio. A diferencia de la Revolución de Octubre rusa de 1917, llevada a cabo por un proletariado con conciencia de clase dirigido por el internacionalismo bolchevique de V.I. Lenin y León Trotsky, la Revolución China de 1949 fue el resultado de una guerra de guerrillas campesina dirigida por las fuerzas nacionalistas estalinistas de Mao. Los regímenes de Mao y sus sucesores (incluido el actual, Xi Jinping), modelados a partir de la burocracia estalinista que usurpó el poder político en la Unión Soviética en 1923-24, han predicado la noción profundamente antimarxista de que el socialismo, una sociedad igualitaria y sin clases, basada en la abundancia material, puede construirse en un solo país. En oposición a la perspectiva de la revolución obrera internacional, el “socialismo en un solo país” siempre ha significado acomodarse al imperialismo mundial.
Un ejemplo notorio es la actitud de la dirección del PCCh con respecto al dominio de Gran Bretaña sobre Hong Kong. Durante la guerra civil que antecedió a la Revolución de 1949, Mao ordenó que las fuerzas del PCCh se detuvieran frente al Río Shenzhen, que separa Hong Kong del continente. A cambio, Gran Bretaña estuvo entre los primeros países en reconocer a la República Popular China. En 1959, Mao declaró: “Es mejor que Hong Kong se mantenga como está... Su estado actual todavía nos es útil”. En 1967, comunistas y dirigentes sindicales en Hong Kong organizaron un movimiento de protesta contra el dominio británico, coronado por huelgas a gran escala a lo largo de más de ocho meses. Esta lucha fue traicionada por el régimen maoísta, que prefería mantener relaciones amistosas con los colonizadores imperialistas.
Al mantener Hong Kong como un centro del capital financiero, Beijing otorga a la población ciertas libertades políticas que le niega a la población de la China continental. Estas libertades van de la mano con la reputación de Hong Kong como maquiladora de “cuello blanco”, en la que los oficinistas trabajan frecuentemente doce horas para recibir el salario de ocho. En el periodo previo a 1997, Hong Kong era un centro del comercio y la industria ligera, donde los obreros sufrían una explotación brutal, eran obligados a vivir en condiciones horrendas y carecían de los derechos más básicos. El 80 por ciento de los empleos en la manufactura han desaparecido de la ciudad desde el inicio de la década de 1990, conforme los capitalistas de Hong Kong han trasladado sus operaciones a la China continental. En una de las ciudades más caras del mundo, repleta de tiendas de diseñador y hoteles de lujo, un quinto de la población vive debajo de la línea de pobreza oficial. Para la mayoría de los jóvenes el porvenir pinta muy mal. Pero, mientras tanto, muchos funcionarios corruptos del PCCh continúan enriqueciéndose gracias a sus conexiones con los operadores financieros de Hong Kong.
La situación desesperada de los más de 300 mil trabajadores domésticos de Hong Kong —97 por ciento de ellos provenientes de Indonesia y las Filipinas— subraya de manera especialmente aguda la división de clases en el territorio. Después de vivir por siete años en Hong Kong, otros inmigrantes reciben el derecho al voto. No sucede lo mismo con los trabajadores domésticos. Sin recurso alguno contra los patrones violentos o abusivos, los trabajadores domésticos despedidos deben abandonar el país en un plazo de dos semanas. Como explicaba un artículo de Al Jazeera (30 de septiembre): “Los manifestantes en Hong Kong exigen democracia, pero no para sus trabajadores domésticos”. Nuestra exigencia de expropiar a los magnates de Hong Kong traza una aguda línea de clases contra los manifestantes proimperialistas y hace concreto el llamado por defender y extender las conquistas de la Revolución de 1949.
¡Por la democracia obrera, no la contrarrevolución capitalista!
La democracia capitalista es, en realidad, una de las formas políticas que asume la dictadura de la burguesía. Bajo este sistema, la clase obrera se ve reducida políticamente a individuos atomizados. La burguesía puede manipular eficazmente al electorado gracias a su control sobre los medios de comunicación, el sistema educativo y otras instituciones que forman la opinión pública. En todas las democracias capitalistas, los funcionarios del gobierno, elegidos o no, están esencialmente en el bolsillo de los bancos y las grandes corporaciones.
La democracia parlamentaria, que existe principalmente en los países imperialistas ricos, le da al grueso de la población la oportunidad de decidir cada cierto número de años qué representante de la clase dominante va a reprimirla. Como explicó Lenin en su polémica de 1918 La revolución proletaria y el renegado Kautsky:
“Mil obstáculos impiden a las masas trabajadoras participar en el parlamento burgués (que nunca resuelve las cuestiones más importantes dentro de la democracia burguesa: las resuelven la Bolsa y los Bancos) y los obreros saben y sienten, ven y perciben perfectamente que el parlamento burgués es una institución extraña, un instrumento de opresión de los proletarios por la burguesía, la institución de una clase hostil, de la minoría de explotadores”.
Lenin también enfatizó: “No hay estado, incluso el más democrático, cuya constitución no ofrezca algún escape o reserva que permita a la burguesía lanzar las tropas contra los obreros, declarar el estado de guerra, etc. ‘en caso de alteración del orden’ —en realidad, en caso de que la clase explotada ‘altere’ su situación de esclava e intente hacer algo que no sea propio de esclavos—”.
En su campaña por destruir al estado obrero degenerado soviético y a sus aliados en el bloque oriental, los imperialistas promovieron toda clase de fuerzas contrarrevolucionarias que agitaban la bandera de la “democracia” contra el “totalitarismo” estalinista. Su propósito era derrocar a los regímenes comunistas como fuera, incluidas las elecciones libres en las que los campesinos y otras capas pequeñoburguesas pudieran ser movilizadas junto con sectores de obreros políticamente atrasados contra el estado obrero. Cuando los regímenes estalinistas se acercaban al punto del colapso terminal, las elecciones de 1989 en Polonia llevaron al poder a un gobierno contrarrevolucionario encabezado por Solidarność, cuya consolidación marcó la restauración del dominio capitalista. Un suceso decisivo en la reunificación capitalista de Alemania en la primavera de 1990 fueron las elecciones que ganó la Unión Democrática Cristiana, el partido gobernante del imperialismo alemán.
Al resquebrajarse frente a la ofensiva capitalista, las burocracias estalinistas demostraron que no eran una clase propietaria, sino una casta frágil y contradictoria que descansaba sobre el estado obrero. Una condición clave para la victoria de la contrarrevolución en Europa del Este, Europa Central y en la propia Unión Soviética en 1991-92 fue que la clase obrera, desmoralizada y atomizada después de décadas de mal gobierno estalinista, no actuó para detener las fuerzas de la restauración capitalista y tomar el poder político en su propio nombre. Estas contrarrevoluciones constituyeron una derrota histórica para los trabajadores al nivel mundial. Millones de obreros en los antiguos estados obreros perdieron sus empleos y las prestaciones que tenían garantizadas, los derechos de las mujeres retrocedieron (por ejemplo, con la prohibición del aborto en Polonia) y los pueblos de la antigua Unión Soviética y Yugoslavia se vieron desgarrados por masivos baños de sangre nacionalistas. Mientras tanto, EE.UU. y otras potencias imperialistas se sintieron envalentonadas para extender sus depredaciones alrededor del mundo y contra la población trabajadora en sus propios países.
En China, una contrarrevolución capitalista significaría regresar a la esclavitud imperialista y la destrucción de conquistas sociales históricas. En respuesta a las aspiraciones de los trabajadores tanto en Hong Kong como en el continente de obtener derechos democráticos y un gobierno que represente sus intereses, los trotskistas retomamos el modelo del estado obrero soviético durante sus primeros años. Como explicó Lenin en una polémica contra Kautsky, un enconado opositor a la Revolución de Octubre: “El Poder soviético es el primero del mundo (mejor dicho el segundo, porque la Comuna de París empezó a hacer lo mismo) que incorpora al gobierno a las masas, precisamente a las masas explotadas”.
Una revolución política obrera en China pondría las decisiones sobre el rumbo de la economía y la organización de la sociedad en manos de consejos electos de obreros y campesinos, acabando con los malos manejos y la corrupción de la burocracia. Bajo la dirección de la gigantesca clase obrera china, los sectores no proletarios, como el campesinado, tendrían de hecho una mayor voz mediante su representación en esos consejos de la que tienen en cualquier república capitalista. China ha dado pasos gigantescos en términos de urbanización e industria en las últimas décadas, acumulando al mismo tiempo enormes reservas financieras. Sin embargo, el desarrollo de China en todas las áreas, y particularmente en términos de su actualmente atrasada agricultura, depende crucialmente de la revolución proletaria en los países capitalistas avanzados, que abriría el camino a una economía planificada mundial basada en los niveles más altos de tecnología e industria. Esta perspectiva trotskista, cuya premisa es la defensa incondicional del estado obrero chino contra los imperialistas y los enemigos de clase internos, no tiene nada en común con el programa de contrarrevolución “democrática” del campo proimperialista.
Lamebotas de los demócratas capitalistas
Uno de los ejemplos más flagrantes del apoyo a la causa burguesa en Hong Kong es el de Socialist Action [Acción Socialista], que, al igual que Socialist Alternative [Alternativa Socialista] en EE.UU., forma parte del Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT) de Peter Taaffe. Esta organización, con una reputación falsa de trotskista, tiene una larga y deplorable historia de apoyo a la contrarrevolución capitalista en nombre de la oposición a la dictadura. En la Unión Soviética, entre agosto y septiembre de 1991, los antecesores del CIT en la tendencia Militante se sumaron a las fuerzas de la restauración capitalista en las barricadas de Boris Yeltsin en Moscú. En contraste, nuestra internacional trotskista distribuyó decenas de miles de volantes llamando a los obreros soviéticos a aplastar las fuerzas contrarrevolucionarias dirigidas por Yeltsin y respaldadas por la Casa Blanca de George H.W. Bush.
El CIT, que descarta a China como capitalista y autoritaria, se encuentra entre los porristas más rabiosos del Movimiento Paraguas. Un artículo en China Worker (30 de septiembre) del CIT describe entusiasta la posibilidad de que “la lucha por la democracia se extienda a toda China; la chispa inicial muy bien podría darla el movimiento que protesta en Hong Kong”. ¡El CIT comparte con el Departamento de Estado estadounidense su deseo ferviente de que el movimiento a favor de la “democracia” sea utilizado contra la “dictadura del PCCh” en la China continental!
El CIT sugiere que el Movimiento Paraguas puede convertirse en un nuevo Tiananmen, en referencia a la revuelta entre mayo y junio de 1989 que sacudió a la China continental. Los partidarios de la “democracia” en Hong Kong organizan cada junio una enorme conmemoración del aniversario del levantamiento de Tiananmen, pintándolo como una protesta estudiantil a favor de la democracia capitalista contra el malvado régimen comunista. Nada podría estar más lejos de la verdad.
Los acontecimientos de 1989 alrededor de la Plaza Tiananmen comenzaron con una protesta estudiantil a favor de mayores libertades políticas y contra la corrupción de los altos mandos de la burocracia. Inicialmente, a la protesta se sumaron obreros individuales, pero pronto se unieron contingentes organizados de fábricas y otros lugares de trabajo; la elevada inflación y la creciente desigualdad, causadas por el programa burocrático de construir el “socialismo” a través de las reformas de mercado, empujaron a los obreros a la acción. Aunque algunos jóvenes aspiraban a una democracia capitalista estilo occidental, las protestas estuvieron dominadas por el canto de La Internacional —el himno internacional de la clase obrera— y otras expresiones de conciencia prosocialista.
Varias organizaciones obreras que surgieron durante las protestas tenían las características de los órganos embrionarios del poder obrero. “Cuerpos de piquetes obreros” y grupos “dispuestos a morir” basados en las fábricas se organizaron para defender a los estudiantes de la represión, en abierto desafío al decreto de ley marcial del régimen de Deng Xiaoping. Los grupos obreros empezaron a asumir la responsabilidad de la seguridad pública después de que el gobierno de Beijing se desvaneciera y la policía desapareciera de las calles. La participación del proletariado chino en las protestas, tanto en Beijing como a lo largo del país, fue lo que las convirtió en una revolución política incipiente. Después de estar paralizado durante semanas, el régimen del PCCh desató una sangrienta represión en Beijing entre el 3 y el 4 de junio.
Los obreros demostraron enorme capacidad de lucha y establecieron lazos con los soldados, algunos de los cuales se negaron a disparar sobre los manifestantes. Pero, por sí solos, no pudieron llegar al entendimiento de que era necesaria una revolución política para deshacerse del dominio deformante de la burocracia del PCCh. Para que la clase obrera adquiera esta conciencia es indispensable la intervención de un partido marxista revolucionario.
Los imperialistas no se detendrán hasta que hayan destruido al estado obrero chino y estén nuevamente en total libertad de saquear al país. El orden mundial capitalista, dominado por los imperialistas, con su impulso por controlar mercados y reducir el salario y los niveles de vida de los obreros, es incompatible con el desarrollo hacia el socialismo. Para abrir ese camino son indispensables revoluciones obreras en Japón, EE.UU. y otros países capitalistas avanzados. Para hacer este programa realidad buscamos unir las luchas de los obreros en los centros imperialistas con la defensa de las conquistas ya obtenidas, incluidas las de la Revolución China de 1949.■
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/43/hongkong.html
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2016.06.03 14:43 ShaunaDorothy Oleada reaccionaria contra legislación del DF ¡Aborto libre y gratuito! ¡Plenos derechos democráticos para los homosexuales! (Otoño de 2010)

https://archive.is/yY7mQ
Espartaco No. 32 Otoño de 2010
Oleada reaccionaria contra legislación del DF
¡Aborto libre y gratuito! ¡Plenos derechos democráticos para los homosexuales!
¡Romper con el PRD burgués! ¡Liberación de la mujer mediante la revolución socialista!
(Mujer y Revolución)
La reforma legal en la Ciudad de México de la primavera de 2007 que descriminalizó el aborto hasta las doce semanas de embarazo fue una conquista importante para las mujeres, a pesar de sus limitaciones. Miles y miles de mujeres, incluyendo de muchas otras partes del país, han hecho fila desde el amanecer en los quince hospitales que proporcionan este servicio médico gratis, y muchas más se han realizado el procedimiento en el consultorio de su médico o en clínicas. Como señalamos en el verano de 2007: “La reforma del aborto es una conquista importante para todas las mujeres, pero tendrá un impacto particular en la vida de las obreras, las pobres y las jóvenes que no tenían los medios para obtener abortos seguros viajando a otros países o pagando un elevado precio para obtener uno ilegalmente en instalaciones decentes”.
Un par de años después, en diciembre de 2009 la Asamblea del DF legalizó el matrimonio homosexual, lo cual implicó conceder a las parejas gay el derecho a adoptar niños. La Ciudad de México se encuentra ahora entre los lugares con la legislación sobre derechos de aborto y de los homosexuales más liberales del mundo. De manera significativa, todas estas nuevas leyes fueron reafirmadas por la Suprema Corte ante la oposición en particular de la derecha religiosa. Todos los que luchan por los derechos democráticos y combaten la opresión deberían apoyar estas conquistas, limitadas pero reales, adoptadas bajo el gobierno perredista de la Ciudad de México —el cual a veces posa como amigo de los oprimidos—.
Mientras tanto, las fuerzas históricamente más oscurantistas dominadas por la iglesia católica —los enemigos declarados de los derechos elementales de las mujeres y los homosexuales— se han alineado para combatir estas medidas y asegurar que estos derechos no se extiendan a toda la población del país. Para diciembre de 2009 se habían enmendado las constituciones de 18 estados —de los 32 existentes— para “proteger la vida” desde la concepción, es decir, para presentar obstáculos legales a la descriminalización del aborto, eliminando así el derecho de toda mujer a decidir si tiene o no hijos en favor de los “derechos” de un óvulo y un espermatozoide que acaban de encontrarse para ocupar el útero de una mujer por unos nueve meses. Obscenamente, en Guanajuato al menos seis mujeres fueron encarceladas con sentencias de hasta 25 años por no llevar el embarazo a término, ¡y en algunos casos por abortos espontáneos! En respuesta a las protestas sucitadas cuando estos casos recibieron amplia atención, estas mujeres han sido liberadas. Pero hay muchas atrocidades siendo perpetradas a lo largo y ancho de México todo el tiempo. ¡Nadie debería ir a la cárcel por tener un aborto o practicarlo! De hecho, incluso la legislación de la Ciudad de México incluye penas de tres a seis meses de prisión para las mujeres que se practiquen un aborto después de las primeras doce semanas, y de uno a tres años de prisión a quienes lo practiquen. En abril pasado, El Universal informó de un caso que trae a la memoria el tristemente célebre caso de Paulina, en el que un tribunal de Baja California le negó a esta víctima de una violación el derecho que la ley le daba a abortar. Este año, a una niña de diez años en Yucatán, que fue violada presuntamente por su padrastro, se le negó el aborto que solicitó porque los doctores dijeron que tenía casi cuatro meses de embarazo, es decir, porque había pasado el límite arbitrario de las doce semanas, que en cualquier caso es casi imposible de medir de manera precisa. Nosotros decimos: ¡Abajo todas las penas! ¡Abajo el límite de doce semanas! ¡Aborto libre y gratuito en el DF y en todo México!
La mexicana es una sociedad profundamente misógina y homófoba —y no sólo ella—. La opresión de la mujer y de los homosexuales es inherente al capitalismo, y por ello no es algo que se pueda eliminar sin una revolución socialista. Bajo el capitalismo, en el que la sociedad no proporciona los medios necesarios para criar a los niños, alimentar a la población o cuidar de los enfermos, la familia es una unidad económica necesaria de la sociedad que asume estas responsabilidades. Así, la oposición a cualquier cosa que se desvíe del modelo establecido —como las familias de parejas homosexuales, o las mujeres que no están interesadas en tener (más) hijos— es parte del apoyo ideológico a los restrictivos confines de la unidad familiar. Por todo ello, se presenta a la familia tradicional como el arreglo más natural para la organización social. Y, en efecto, a la burguesía —la cual sólo proporciona servicios sociales a la población en la medida en que se restringen a ella u obtiene beneficios de ellos— le parece perfectamente natural que haya niños de la calle, hambruna y enfermedades entre los obreros, los campesinos y todos los sectores marginados de la sociedad. Nuestra perspectiva se contrapone a este brutal estado de cosas. Luchamos por guarderías gratuitas las 24 horas, por atención médica gratuita y de calidad para todos como parte de nuestra lucha por una sociedad socialista. El remplazo de las funciones de la familia —y, por ende, de la carga económica que ella significa— permitirá a la gente escoger libremente cómo y con quién quiere vivir. La opresión de la mujer, la desigualdad social más vieja de la historia humana, se remonta al inicio de la propiedad privada y no podrá ser abolida más que con la abolición de la sociedad dividida en clases. La lucha por la liberación de la mujer es pues un componente estratégico de la lucha por la revolución socialista.
Al tiempo que luchamos por plenos derechos democráticos para los homosexuales, a diferencia de los liberales y feministas burgueses combatimos la idealización de la familia —sea ésta tradicional o “alternativa”—. Como explicaron nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S.:
“Por qué alguien que no se encuentra bajo presión social o bajo la dificultad económica se pondría voluntariamente las cadenas del matrimonio es, por supuesto, uno de los misterios de la vida... “Sin ninguna duda, [los homosexuales] deberían tener el derecho a casarse. Y, con la misma certeza, los socialistas luchamos por una sociedad en la que nadie necesite que se le ponga una camisa de fuerza para poder obtener prestaciones médicas, derechos de visita, custodia de niños, derechos de inmigración o cualquiera de los privilegios que esta sociedad capitalista otorga a quienes están enterrados en el molde legal tradicional de ‘marido y mujer hasta que la muerte los separe’”.
—“¡Por el derecho al matrimonio gay...y al divorcio!” (Workers Vanguard No. 824, 16 de abril de 2004)
El contexto de las reformas sobre el aborto y el matrimonio homosexual en la Ciudad de México es el de una burguesía altamente polarizada tanto en cuestiones económicas como sociales, aunque las divisiones no necesariamente siguen líneas partidistas. El PRD nacionalista burgués procura cooptar el descontento entre los obreros y otros sectores de la sociedad que están hartos del derechista gobierno federal panista, y con ello en mente a menudo ofrece migajas y concesiones. En la Ciudad de México, más cosmopolita y donde la influencia de la iglesia católica no es omnipresente, el PRD ha impulsado reformas que los marxistas pueden y deben apoyar. Al mismo tiempo, es axiomático que quienes administran el sistema de explotación capitalista deben perpetuar la opresión de la mujer. De hecho, ¡legisladores perredistas de los gobiernos estatales votaron por las contrarreformas que procuran bloquear los derechos de aborto! Al apoyar las reformas en la Ciudad de México, no le damos absolutamente ningún apoyo o confianza al PRD burgués, que como partido capitalista es, a fin de cuentas, fundamentalmente hostil a los derechos de las mujeres.
Además, las reformas bajo el capitalismo no sólo son parciales sino también reversibles. La cifra de 50 mil abortos que se han proporcionado en la Ciudad de México en un número muy limitado de hospitales ni siquiera se acerca a lo que se necesita, incluso sólo en la propia ciudad. En EE.UU., este derecho ha estado bajo constante ataque desde que fue legalizado en 1973. Apenas cuatro años después de la legalización del aborto se puso fin a los fondos federales para costear el procedimiento a mujeres pobres. A lo largo de las siguientes décadas, varios estados establecieron periodos de espera o la obligatoriedad del consentimiento de los padres, colocando así un obstáculo para las mujeres que simplemente no querían tener un hijo. En los años 90, las manifestaciones antiaborto, que acosaban a las mujeres afuera de las clínicas, cedieron el paso a los ataques asesinos contra doctores y otros que ayudaban a proporcionar este servicio médico básico. El 31 de mayo de 2009, el Dr. George Tiller, uno de los extremadamente pocos doctores en EE.UU. que practicaban abortos en etapas avanzadas del embarazo, fue asesinado. La realidad hoy en día es que hay muchos condados a lo largo y ancho de EE.UU. en los que simplemente no hay donde practicarse un aborto.
Los comunistas luchamos vigorosamente por la igualdad de derechos para las mujeres bajo el capitalismo. Pero la promesa de derechos iguales bajo este sistema para las trabajadoras no significa más que el derecho a ser igualmente explotadas en lugar de súper explotadas, ser simplemente una esclava asalariada en lugar de la esclava del esclavo.
En tanto exista el capitalismo, habrá fuerzas que busquen activamente mantener la opresión de la mujer. Un estado obrero en México, además de heredar un país pobre y económicamente subdesarrollado, enfrentaría la hostilidad del imperialismo estadounidense. La extensión de la revolución sería necesaria no sólo para la defensa de un estado obrero mexicano sino también para proporcionar la base material para la liberación de la mujer y de todos los oprimidos. Los bolcheviques reconocían que sin desarrollo económico cualitativo, la liberación de la mujer era una fantasía utópica incluso después de la Revolución de Octubre de 1917. Así, además del establecimiento de la igualdad legal entre hombres y mujeres, el estado obrero soviético proporcionó —hasta donde sus recursos le permitieron— cocinas comunitarias y guarderías gratuitas como algunos de los pasos tomados en la dirección de liberar a la mujer de la esclavitud doméstica y hacia el establecimiento de la igualdad genuina. Una sociedad sin clases, con la resultante liberación humana de la explotación y la opresión, sólo se puede construir sobre la base de la abundancia material. La derrota de oportunidades revolucionarias en Europa Occidental y la catastrófica devastación económica tras la Guerra Civil, así como la devastación del propio proletariado que había llevado a cabo la Revolución de Octubre, fueron el contexto de una contrarrevolución política en 1923-24, lo que Trotsky llamó el “termidor soviético”. Aunque los fundamentos económicos del estado obrero establecido en 1917 permanecieron intactos, para 1924 el poder político pasó de las manos de la vanguardia revolucionaria a las de la casta burocrática conservadora encabezada por I.V. Stalin. Bajo el falso dogma del “socialismo en un solo país”, la burocracia estalinista se acomodó al imperialismo y traicionó las perspectivas proletarias, revolucionarias e internacionalistas de la Revolución Bolchevique. A pesar de esta contrarrevolución política, los espartaquistas defendimos militar e incondicionalmente al estado obrero degenerado soviético contra el imperialismo y la contrarrevolución interna, como hoy defendemos a los estados obreros deformados de China, Cuba, Corea del Norte y Vietnam, al tiempo que luchamos por la genuina democracia obrera mediante la revolución política proletaria para echar a las burocracias estalinistas.
La agrupación Pan y Rosas y el mito del “feminismo socialista”
Rechazando el entendimiento de que la opresión de la mujer es inherente al capitalismo, el feminismo —una ideología burguesa— iguala la lucha por la liberación de la mujer con la lucha por sus derechos democráticos, es decir, por la igualdad con los hombres bajo el capitalismo. El ver la diferencia entre hombres y mujeres como la principal división social y el hacer caso omiso de las condiciones materiales económicas que son la base para la opresión de la mujer conducen a la noción idealista de que las mujeres son oprimidas simplemente debido a las ideas estereotípicas y retrógradas en las cabezas de la gente (léase, de los hombres). En realidad, la ideología sexista y misógina sólo se desvanecerá tras el derrocamiento del capitalismo. Al confinar su perspectiva contra la opresión de la mujer a una política de reformas y presión a los gobernantes capitalistas, el feminismo desvía la lucha por la genuina liberación de la mujer y, en el último análisis, ayuda a perpetuar la opresión.
La falsa izquierda mexicana, permeada por la ideología machista existente, presta poca atención a la opresión de la mujer. Y cuando finalmente dice algo, en general lo hace desde una perspectiva netamente feminista. Éste es el caso de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS), que patrocinó la formación del grupo Pan y Rosas. Este último se asume como parte del movimiento feminista y adopta la perspectiva liberal del sectoralismo: la falsa y atrasada noción de que sólo el sector víctima de opresión especial particular del que se trate puede liberarse a sí mismo. El sectoralismo niega la posibilidad de que la conciencia trascienda la experiencia personal de la opresión, evade la lucha contra la ideología atrasada en la clase obrera y está en contradicción directa con el papel del partido de vanguardia de representar los intereses históricos del proletariado y, por lo tanto, de defender a todos los oprimidos.
Pan y Rosas define que está “por la construcción en todo el continente de un movimiento de mujeres que en defensa de nuestros derechos, pueda ofrecer una alternativa de organización independiente, antiimperialista y revolucionaria para las miles de mujeres que sufrimos la explotación diaria” (Estrategia Obrera No. 79, 27 de agosto de 2010). Lo que esta palabrería significa en la realidad es un movimiento de crasa colaboración de clases, justificada con la trillada cantaleta de “combatir a la derecha”. Pan y Rosas se jacta de ser parte del “Pacto por la Vida, la Libertad y los Derechos de las Mujeres” establecido a finales del año pasado para combatir la reacción contra las reformas en la Ciudad de México. Este “pacto” es un conglomerado burgués de decenas de organizaciones enfocado en presionar a los legisladores de la “izquierda”, léase el PRD burgués. Así, el texto del “pacto” omite cuidadosamente mencionar el hecho de que las contrarreformas antiaborto en los estados contaron con el apoyo de diversos legisladores perredistas (de hecho, ¡a duras penas se encontrará una sola referencia al PRD burgués en los muchos artículos publicados en el blog del propio Pan y Rosas!). Según el blog de tan “antiimperialista” pacto, “un aspecto central [del mismo] es solicitar que se sancione a México por violar la Carta Universal de los Derechos Humanos y, por lo tanto, sea juzgado ante el Tribunal Internacional de Viena” (http://pactovidamujeres.blogspot.com/p/historia-del-pacto.html); la misma fuente señala también que “se hará la petición para que el PRI sea expulsado de la Internacional Socialista, por contravenir todos sus principios” —¡los “principios” de los remanentes escleróticos de la socialdemocracia, lacaya de sus propios gobernantes imperialistas!—. ¡Conmovedor “antiimperialismo”! Pan y Rosas, su “pacto” y el feminismo burgués entero no tienen nada que ofrecer a las mujeres salvo una vida de esfuerzos fútiles a la cola de políticos burgueses.
El marxismo es una perspectiva mundial y un programa de lucha para la emancipación de todos los explotados y oprimidos mediante la revolución proletaria y el ascenso de la clase obrera como nueva clase dominante —el único camino para la eventual eliminación de la explotación del hombre por el hombre—. Contrario a los mitos propagados por la LTS, el marxismo genuino proporciona la guía para luchar por la liberación de la mujer, y no requiere tomar prestado nada del feminismo —una ideología de clase ajena al proletariado—. Tenemos un largo camino por delante. Como V.I. Lenin escribió en la lucha por forjar el partido que dirigiría la Revolución Rusa de 1917:
“El ideal del socialdemócrata no debe ser el secretario de trade-union [sindicato], sino el tribuno popular, que sabe reaccionar contra toda manifestación de arbitrariedad y de opresión, dondequiera que se produzca y cualquiera que sea la capa o la clase social a que afecte”.
El reconocimiento de la opresión en esta sociedad y la lucha contra ella son necesarios pero no suficientes para ponerle fin. Nos guiamos por el ejemplo de Lenin y los bolcheviques, y estamos comprometidos a forjar un partido que pueda dirigir la revolución proletaria y empezar a construir una nueva sociedad libre de la explotación y la opresión que plagan a ésta. ¡Por la liberación de la mujer mediante la revolución socialista!■
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/32/aborto.html
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2016.03.25 11:34 EDUARDOMOLINA ENTREVISTA A PABLO ECHENIQUE.- Miguel Mora / Ramón J. Campo.- ctxt

http://ctxt.es/es/20150226/politica/481/Pablo-Echenique-Podemos-Pablo-Iglesias-Aragón-PSOE-Elecciones-España-Entrevistas.htm
"Esta entrevista no pudo celebrarse en la casa de Pablo Echenique Robba (Rosario, Argentina, 28 de agosto de 1978) porque en su habitación no caben tres personas, y menos con una cámara, al lado de su silla de ruedas, que pesa 150 kilos y es parte de su vida. El eurodiputado de Podemos, elegido en mayo, ha decidido dejar Bruselas para ser candidato a la presidencia de Aragón, y renunciará esta semana a su escaño en el Parlamento Europeo y a su sueldo, que se había reducido a tres salarios mínimos -el resto lo donaba a diversas ONGs-.
Su agenda está repleta de reuniones en el local que Podemos ha alquilado en la calle de Predicadores, en pleno Casco Viejo de Zaragoza. Su jefe de prensa, Raúl Gay, discapacitado como Echenique y coautor de la expresión "retrones" o "cascaos" (neologismos creados para reírse de su condición), recibe a los periodistas de CTXT a la hora en punto. Hay goteras en el techo y un charco en el suelo, y un voluntario no retrón se emplea a fondo con la fregona.
En puertas de emprender la campaña de las autonómicas, tras haberse impuesto a Violeta Barba, la candidata apoyada por el secretario general del partido, Pablo Iglesias, Echenique se siente fuerte y cree posible ganar a la actual presidenta de Aragón, Luisa Fernanda Rudi, del PP. A lo largo de este año frenético, se ha erigido en el sector crítico de la línea oficial de Podemos, aunque eso se nota, sobre todo, en que toma distancia -moderada- de Juan Carlos Monedero por haber tardado en responder a los medios sobre su empresa de consultoría exprés.
Este argentino de 36 años llegó siendo adolescente a Zaragoza con su madre, Irma, y su hermana, Analía, a principios de los 90. Buscaban, cuenta Echenique, un país con una sanidad pública universal y unos principios de igualdad que le ayudaran a combatir su atrofia muscular espinal. El joven, cuerpo diminuto y cráneo privilegiado, se licenció en Física a los 23 años y consiguió ser científico titular del CSIC en 2009. "Era feliz investigando", recuerda, "pero en enero de 2014, tras ver que mis vecinos empezaban a pasar hambre, decidí sumarse a Podemos cuando vi en YouTube el video de Pablo Iglesias en el Teatro del Barrio. La realidad decidió por mi".
Casado desde 2012 con una bióloga venezolana, Mariale, el líder de Podemos en Aragón niega que el Gobierno de Caracas financie al partido, asegura que se siente más cerca de Einstein que de Marx, y sostiene que en la agrupación hay muchos más cristianos de base que chavistas. Sobre el futuro, advierte con vehemencia que si Podemos es el grupo más votado en las elecciones generales, y PP y PSOE se alían para impedir que gobiernen, los electores no permanecerían impasibles: "Si pierden, espero que se vayan a casa a vivir bien, que eso les gusta particularmente, y que no aumenten su irresponsabilidad".
Pregunta. ¿Las elecciones autonómicas son el 24 de mayo y todavía no tienen programa? ¿No les da vergüenza?
Respuesta. Los demás partidos tampoco tienen. Lo que pasa es que a nosotros nos meten más caña, por motivos lógicos, es razonable que lo hagan. Pero cuando a mí me dicen qué propuestas tenéis sobre el agua, por ejemplo, me dan ganas de contestar, pues las mismas que el PSOE. Ninguna. Ni ellos ni nosotros tenemos programa. Mi mujer se puso el otro día a buscar en todas las webs y no hay programa de ningún partido.
¿Y ya saben lo que van a hacer?
Hay cosas que se van a hacer seguro. Por ejemplo, volver a llevar la sanidad a que sea universal. Aunque nos tengamos que pelear con el Tribunal Supremo, lo vamos a hacer. Hay una serie de cosas que se aprobaron en la asamblea ciudadana de Vistalegre en octubre, sobre vivienda, educación, corrupción, etcétera. Falta afinar detalles, pero la línea está bastante clara. Lo que falta es decir si vamos a aumentar los tramos del IRPF por la parte alta, qué tramos, cómo, cuándo, con qué calendario, exactamente qué porcentajes. Todo eso no está afinado, porque sería irresponsable hacerlo deprisa. Pero lo vamos a hacer. Creo que está bastante claro. Y creo que además hay una cierta asimetría en las preguntas que nos hacen a nosotros y que no hacen a los demás partidos. Y una falacia: como no me das detalles significa que no tienes dirección política. Y sí, sí que la hay. Lo que no hemos hecho todavía son los números. Pero los haremos.
¿Las autonómicas serán el gran test para noviembre?
Creo que esa es una de las partes buenas de presentarse a las autonómicas. En Podemos discutimos mucho cómo afecta concurrir a unos comicios para los siguientes. Y sabemos que para cambiar este país hay que ganar las generales. Por eso la estrategia que se ha diseñado, y yo estoy de acuerdo en que sea así, prioriza las generales. Cuando uno decide acudir a las autonómicas, tiene que tener en cuenta dos cosas. Por un lado, el cambio que se puede producir, y también cómo va a influir en las elecciones en noviembre, si don Mariano tiene a bien convocarlas en noviembre y no hace una jugada inesperada. Ir a las autonómicas tiene puntos a favor, pero tiene puntos muy problemáticos. Entre los puntos a favor se cuenta sin duda que va a ser el mejor sondeo. Mucho más que el CIS o Sigma 2. Van a decir exactamente con qué fuerza contamos. Y además en cada territorio, muy detallado. Eso es bueno. Y también es bueno que si tenemos responsabilidad institucional, nos dará fuerza para poder hacer política. ¿Qué puede ser problemático? Pues que tengamos que hacer un gobierno en minoría y haya problemas al principio. Problemas a la hora de gobernar.
¿Ya está pensando en gobernar?
Sí, claro. Tienes que pensar en gobernar porque el programa tiene que ser viable. Si no piensas en gobernar haces un programa buenista, en el que pones una lista de deseos de toda la sociedad, y ya está. Y tienes un programa maravilloso y haces una campaña supersencilla.
Los sondeos parecen anunciar un nuevo escenario: Podemos contra una alianza PP-PSOE llamada a impedir que gobiernen ustedes. ¿Son conscientes de eso?
Si Podemos es la fuerza más votada en las elecciones generales y el Partido Popular y el Partido Socialista, teniendo menos votos cada uno de ellos que Podemos, deciden hacer un cerrojazo del régimen y formar gobierno, la sociedad no permanecerá impasible ante eso. Y creo que esa posibilidad es factible.
¿Habla de una revolución?
No, no lo sé. Hablo de manifestaciones, hablo de huelgas, hablo de…
¿Van a preferir la agitación a la oposición?
La agitación, en ese escenario que pinto, la estarían provocando el Partido Popular y el Partido Socialista. Hasta ahora en España siempre ha gobernado la fuerza más votada. Si la irresponsabilidad de los partidos tradicionales ha llegado a tal punto que se plantean romper esa regla tácita pero básica de la democracia española, no será el pueblo español el que esté ejerciendo la irresponsabilidad, serán las élites, como por otra parte llevan haciendo desde hace décadas. Quiero decir que no tenemos que creernos el mantra de que nuestras élites representan el orden, la responsabilidad y la estabilidad. Es justo lo contrario. Cuando tú aumentas el índice de Gini -desigualdad- de una sociedad como lo han aumentado en España, cuando tú creas una Europa de dos velocidades, en la cual el sur pasa hambre y el norte fabrica coches, estás cargando las tintas, estás calentando la olla, estás preparando los mimbres de una tragedia. Eso es lo que llevan haciendo las élites europeas y españolas desde hace décadas. Espero que cuando la sociedad dé un llamado de atención pacífico, tranquilo y sensato, como siempre hace por otra parte el pueblo español, que tiene para eso un aguante y una sensatez impresionantes, eso no sirva para que la irresponsabilidad de los que gobiernan aumente todavía más. Espero que acepten la señal que se les ha dado desde la ciudadanía y se vayan a casa. Jubilación tranquila, vivir bien, que además les gusta particularmente y no pasa nada. Y renovamos la política de este país sin que haya ningún tipo de problema ni ningún desastre de los que ellos vaticinan. Pero para eso tienen que aceptar la señal que el pueblo español está mandando y que además está mandando de una manera absolutamente impecable. Creo que nadie puede achacar ningún tipo de ánimo desestabilizador a la gente de este país. Todo lo contrario.
En el Parlamento Europeo ustedes elogiaron la visita del Papa. ¿Pablo Iglesias está en la misma barricada que Francisco?
Nos separan cosas. El Papa hizo un discurso económico y social que yo firmo y Pablo también, pero cuando habló del aborto Teresa Rodríguez se levantó y se fue del pleno, y yo no me levanté porque no puedo, pero estuve muy tentado. Habló de asesinar a niños no nacidos, un discurso absolutamente medieval, una falta de respeto por los derechos de la mujer y los avances que se han hecho. Ahora bien, en la parte social y económica es inocente negar que no ha supuesto un cambio muy positivo para la Iglesia y para los mil millones de católicos que lo tienen como referente.
¿Qué piensa Podemos del concordato?
Yo soy ateo y entiendo que el Estado tiene que ser laico y que cualquier acuerdo con una fe, o es con todas o es con ninguna. Pero eso es una opinión.
¿Usted lo revocaría si pudiera?
Yo, si estuviera en mi mano…
¿Le cobrará el IBI a la Iglesia en Aragón si gana las elecciones?
Eso es más fácil. Creo que todo el mundo tiene que pagar impuestos. Eso es más sencillo. Una cosa es hablar de acuerdos más complejos, que seguramente incluyen un montón de puntos, y otra cosa es hablar de los impuestos. Nosotros pensamos que todo el mundo tiene que pagar. Yo pienso que la Iglesia debería pagar el IBI pero, ya digo, no está en mi mano…
¿Hay mucho cristiano de base en Podemos?
Hay unos cuantos, y yo me llevo bastante bien con ellos.
¿Eso pasa en todas partes o en Aragón especialmente?
No sé en el resto de las comunidades, pero en Aragón hay muchos.
¿Entonces será difícil prometer nada relativo al concordato?
Los cristianos de base son gente muy razonable. La Iglesia es un sitio muy heterogéneo. Entre Rouco Varela y un cristiano de base hay una distancia impresionante.
¿Diría que hay más cristianos de base que chavistas en Podemos?
Sin duda, muchísimos más. Eso está clarísimo. Chavistas no he conocido todavía.
¿Su mujer, venezolana, tampoco lo es?
No. No vive allí desde hace cinco o seis años, pero su familia sí, tiene un contacto directo con la realidad y sabe apreciar los claroscuros que hay en Venezuela. Está viendo los problemas económicos que hay, los problemas de corrupción, y tiene una opinión matizada. Una cosa que siempre comenta, y estoy absolutamente de acuerdo, es que en Venezuela se ha producido una polarización total. O eres de los nuestros o estás contra nosotros. Independientemente de los aciertos y errores de los gobiernos de Chávez o de Maduro, ese espíritu en la ciudadanía es muy problemático, y no debería fomentarse."
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2015.03.12 10:25 anarxy_XXX Open democracy :Podemos y género: gestos y guiños (traducido) ultima hora.

Fuente original en Inglés : https://www.opendemocracy.net/5050/liz-coopepodemos-and-gender-nods-and-winks
¿Son las políticas de Podemos tan revolucionario como dicen, o son simplemente el mismo conjunto de reglas en un nuevo formato para otro club para los chicos?
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, escribió en abril de 2014 Twitter que la discriminación positiva a favor de las mujeres es un mecanismo que permita a las mujeres a volver a través de la ley que la que una sociedad machista ha tomado de ellos; un comentario que pudo haber llevado a muchos a creer que Podemos, el nuevo partido de izquierda en España, estaba a favor de la discriminación positiva para las mujeres.
Menos de un año después, en febrero de 2015, los resultados en las primarias para las elecciones autonómicas, que se celebrará en mayo de este año, muestran que de los diecisiete candidatos de Podemos a Secretario General Regional, uno para cada una de las regiones de diecisiete, trece son hombres. Los votantes, firmado miembros de los círculos de Podemos, tuvieron que elegir entre treinta y cuatro candidatos en cada región, diecisiete mujeres y diecisiete hombres, igual número en su haber, siendo parte de las reglas establecidas para la elección de candidatos. Sin embargo, los votantes de Podemos asignado el 76% de las primeras posiciones en las regiones que se peleaban en las elecciones por los hombres. Estas posiciones son inmensamente poderosos. Secretarios Generales y Presidentes de las Comunidades Autónomas se describen en los partidos establecidos como "los barones "del escenario político. Si Podemos iban a ganar en todas las elecciones regionales con la misma proporción de hombres y mujeres, parece que el nuevo partido se habrá hecho poco para crear las condiciones para que las mujeres emergen como líderes políticos.
La plataforma de Podemos incluye la creación de un banco público, reestructuración de la deuda, una semana laboral más corta y un aumento en el gasto público, sólo para empezar y lo más importante, quiere centrarse en una forma de democracia directa que permite mucho mayor participación del electorado en el desarrollo de su programa que existe en los partidos tradicionales.
Los círculos de debate y discusión están abiertos a todos y son donde los argumentos se elaboraron. "Los Circulos Feminismos", ( círculos feministas ) se inauguró en septiembre de 2014 en respuesta a la demanda y creado específicamente para solucionar los problemas que preocupaban a las mujeres. Un hombre que describe a sí mismo como un militante en los círculos de Podemos feministas en Madrid y escribir en la revista pikara, admite Podemos haber despegado lentamente en temas feministas, pero apunta a "guiños" (literalmente "guiños"), o una inclinación de cabeza en la dirección del feminismo en los discursos de Juan Carlos Monedero, uno de los líderes masculinos de la fiesta. Es poco probable que las feministas españolas van a estar satisfechos con "guiños" en su dirección, o que los "guiños" o guiños serán suficientes para garantizar una nueva política que se lleva a los derechos de las mujeres en cuenta seriamente.
Y no son sólo los hombres: el número 4 en el liderazgo de Podemos, Carolina Bescansa , y una de las dos únicas mujeres en el nivel superior, cuando se le preguntó por qué el derecho a un aborto legal y gratuito había dejado de ser defendido expresamente Podemos decir que aborto no era una prioridad para la fiesta.
Puesto que para muchas mujeres el derecho a controlar su propio cuerpo es fundamental, y una prioridad, en su lucha por la igualdad de derechos, su comentario no fue bien recibido. Es una posición desconcertante para tomar, por un llamado partido revolucionario, y por las muchas mujeres que recuerdan la lucha amarga en los años 80 para conseguir una ley mínima aborto durante el primer gobierno socialista en España.
Aunque Podemos parece haber sido capaz de conectar con una amplia gama de opiniones políticas, las encuestas indican el apoyo proviene más de pueblo desilusionado con el escenario político actual, en lugar de los partidarios de sus programas. Eso puede crear un problema donde el electorado no puede compartir los valores del liderazgo en una sociedad donde la igualdad entre mujeres y hombres es todavía muy lejos de la realidad y no hay pruebas de que sea visto como un importante problema social. En el regular y respetado Centro de Investigaciones Sociológicas encuestas de opinión, muy esperado por los medios de comunicación, no hay preguntas relacionadas con las opiniones del electorado sobre la igualdad de oportunidades y derechos de las mujeres. Hay una sección en la que pide a los encuestados lo que ellos consideran que son los tres principales problemas que enfrenta España: con planteado interrogantes sobre el desempleo, valorados en un 76%, como en los tres primeros, la corrupción y el fraude, el 62%, la economía y mucho más. Hay dos indicaciones que mencionen las mujeres: los primeros "los problemas asociados con las mujeres", que obtiene una calificación nula importancia tal vez debido a la incomprensión por parte de los encuestados, y el otro es "la violencia contra las mujeres", que obtiene una calificación importancia de 0,4 en promedio, alrededor de la parte inferior de la gama; no un alto nivel de interés en "los problemas asociados con las mujeres".
Allí no se le pide pregunta sobre "los problemas asociados con los hombres"
La idea de que la verdadera democracia no puede lograrse sin la igualdad de oportunidades para las mujeres como para los hombres, postulados por la izquierda, y de hecho originalmente por Podemos parecer ha sido expulsado y ya no forma parte de la discusión como el nuevo programa del partido se desarrolla. Las decepciones de las mujeres acumulan. Para tomar sólo tres ejemplos muy diferentes que son de gran interés para las mujeres que, o bien que no tienen programas en el Podemos publican información actualizada, o tienen sólo una referencia vaga.** No hay detalles en la sección sobre la igualdad sobre cómo desmontar el techo de acero que impide a las mujeres alcanzar puestos directivos en la sociedad, a pesar del hecho de que más mujeres salen de la universidad con mejores calificaciones que los hombres. No hay grandes programas detallados sobre cómo combatir las figuras horrendas de violencia contra las mujeres, lo que se podría suponer que sería en la parte superior de la agenda de cualquier gobierno revolucionario, ni cómo hacer frente a los altos niveles de violencia sexual el abuso de los niños dentro de la familia de que España tiene una de las tasas más altas registradas en Europa.**
El aborto no se menciona específicamente en el programa, la palabra ha sido borrado, aunque apareció en el Programa Europeo de Elecciones originales. La violencia contra la mujer es tratada en una sección que trata de los derechos de las mujeres, lesbianas, gays y transexuales miembros del electorado, lo que subraya el sentido de que el núcleo del programa se refiere a los hombres heterosexuales. Su económica programa tiene mucho más que decir acerca de los cambios de los hombres que en planes específicos dirigidos a las mujeres. Estos son sutiles, pero son cambios hacia una política central y lejos de "la revolución" con los derechos de las mujeres siendo marginados.
¿Por qué es un camino lleno de baches tal? Aparte de la posible explicación de que Podemos es sólo otro club vaqrones socialista y la igualdad de oportunidades para las mujeres es, como antes, un añadido, puede ser que el nuevo partido es comprensiblemente temerosos de alienar a los electores, en vista de lo sucedido a la última Gobierno socialista con José Luis Rodríguez Zapatero, de 2004 al 2011. Eso fue un gobierno que apoyó abiertamente a los derechos de las mujeres, el nombramiento de igual número de hombres y mujeres en el Consejo de Ministros en 2004 y la creación de un Ministerio de Igualdad en 2008. Se creó nuevas leyes y tribunales especializados en violencia de género, la legalización del matrimonio homosexual, la ley más liberal aborto en Europa, la transversalidad de género en todas las organizaciones públicas, y una nueva ley de dependencia poderosa para dar puestos de trabajo y la situación de los millones de mujeres que actuaron como cuidadores de los dependientes sin el reconocimiento más mínimo. Fue un avance revolucionario para las mujeres.
La mayoría de estos programas están siendo desmanteladas por el actual Gobierno conservador, uno de los efectos clásicos de un sistema político bipartidista que en realidad simplemente significa que los gobiernos toman turnos para destruir a los cambios que el gobierno anterior imponía. Quizás Podemos entiende muy bien que el fracaso final del Gobierno Zapatero fue su incapacidad para cambiar las actitudes y que su postura declarado abiertamente sobre los derechos de las mujeres tenía cero apoyo del electorado. Podemos no está colocando abiertamente a favor de políticas que muchas feministas han dejado claro son esenciales: que se trata de las funciones de la sociedad manera, por marginar y silenciar a las mujeres en la creencia de que las contribuciones de los hombres son intrínsecamente más valioso, que tiene que ser cambiado si la igualdad de género se debe lograr.
Si un reportero de Marte que acababa de aterrizar fueron a escuchar a uno cualquiera de la parte superior media docena de "rostros" de Podemos definir lo que la nueva política podría hacer por España el / ella podría ser perdonado por pensar que, o bien la sociedad se compone de solo sexo, o si hay más de uno, la única desigualdad basada en el género era que el 51% (mujeres) se les pagaba menos del 49% (hombres) para tareas idénticas. El mismo periodista marciano podría entonces descubre, por casualidad, que en España más de una mujer es asesinada cada semana por un hombre agresor conocido, hasta el 60 de un año según las cifras más recientes y aún más en el pasado.
¿Dónde están los planes para hacer posible que las mujeres para lograr la igualdad real de oportunidades en una sociedad donde las nociones sexistas de la feminidad y sus limitaciones siguen restringir la vida de la mayoría de las mujeres en la sociedad española? Las mujeres no reciben el mismo salario por el mismo trabajo, no reciben las mismas pensiones, no tienen acceso a posiciones de poder en la misma proporción que los hombres, no son seguros en sus propios hogares, aún se espera que sean amas de casa maestros o enfermeras en lugar que los astronautas o los líderes políticos y empresariales.
Algunas mujeres lo hacen a través, pero los resultados de las próximas elecciones generales a finales de este año, pueden, al parecer, sólo significa en el mejor de un movimiento de cabeza en su dirección en la lucha por la igualdad de oportunidades y de igualdad de derechos. La reconstrucción de la sociedad para eliminar la categoría secundaria de las mujeres en relación con los hombres pueden de hecho todavía algún tiempo en llegar, pero está empezando a parecer como si Podemos ya ha tirado la toalla en particular.

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Me parece que estos no se enteran, es una opinión personal, estamos dando suficiente informaci´´on al mundo sobre la postura hacia la mujer, porque a tenor de este articulo son vagos incisos, esa es mi impresión...
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